domingo, 26 de febrero de 2012

NIÑOS FEROCES

El próximo 28 de febrero, martes, nos reuniremos las amigas tertulianas del club de lectura para comentar la novela de Lorenzo Silva Niños feroces.

En esta ocasión, ademas de compartir y contrastar opiniones sobre los personajes, la época y los lugares donde acontece la novela, nos fijaremos en su particular estructura y la clase de narrador ¿o narradores?

Como siempre, tenemos varias preguntas que nos suscita esta lectura:

  • ¿somos como creemos que somos?
  • ¿somos como nos ven los demás?
  • ¿cómo se produce la evolución del protagonista?
  • ¿ están los personajes bien integrados en su época?
Hay mucho qué comentar, así que os esperamos. También a los que siguen este blog y quieran opinar. 






Esta novela es también un relato complejo aunque de una forma diferente a la de Ignacio Martínez Pisón, El día de mañana. También este autor nos pone delante una época de la Historia de España: la vida y vicisitudes de un joven falangista que se alista en la División Azul, lucha en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial en la  derrotada Alemania de la primavera de 1945, y regresa a España, donde lleva una vida discreta hasta su muerte.
La historia narra  la evolución de un joven idealista: el  odio por la ejecución de su padre a manos de milicianos rojos, su adolescente seducción por la patriotería  de los principios joseantonianos, y su ilusionado  alistamiento para defender al mundo contra el peligro comunista. A medida que transcurre el tiempo, el personaje de Jorge García Vadillo va experimentando los cambios que determinan el paso de los deseos juveniles a la decepción de la madurez. La incomprensión de las estrategias militares se acrecienta con la dureza del  horror de la guerra vivida y  la violencia gratuita. Su repatriación, su visión de  una España franquista llena de acomodados y acomodaticios pensadores de antaño, ilustran la transformación de este personaje y su sufrimiento desde el fanatismo inicial al escepticismo de su vida octogenaria.
El mensaje que parece transmitir la novela se centra en la manipulación que los jóvenes sufren  por aquellos vendedores de ideologías, que lanzan a las turbas al desorden y al caos mientras contemplan la  faena desde la barrera de sus despachos, bien cubiertas las espaldas en mullidos sillones. Las ideas revolucionarias y las guerras que las defienden aparecen finalmente como meras formas de negocio bien instrumentado por los oportunistas que viven de sus beneficios.
En principio la novela parece sencilla pero su lectura se complica por la estructura que sustenta el argumento. Para empezar distinguimos varias voces narradoras: en primer lugar, un narrador interno en primera persona que pertenece a un aprendiz de escritor que solicita la ayuda de su profesor para escribir una novela.  Esta voz relata el proceso creador de la escritura de la novela y transcribe las conversaciones con su profesor, en las que ambos –que para mayor confusión se llaman Lázaro- comentan la historia o hacen avanzar el argumento mediante sus diálogos. Esta es la parte metaliteraria o metaficcional de la novela. En otras ocasiones encontramos una voz narradora externa, en tercera persona, que es la que relata de forma vicaria la historia de Jorge,  contada por éste mismo al futuro profesor cuando era un joven estudiante universitario. Este relato central, la vida del divisionista Jorge García Vadillo, se interrumpe  ocasionalmente  mediante informes extraídos de libros o estudios históricos, opiniones o comentarios de índole filosófica, o relatos de viajes de los dos Lázaros a lugares que supuestamente complementan o amplían la historia.
Así que esta confusa relación de narradores se proyecta en una novela cuyo argumento sucede también en tres tiempos:
  • El tiempo de la escritura de la novela: sucede en Madrid en 2010.
  • El tiempo en que Jorge cuenta su historia al futuro profesor. Sucede en La Dehesa de la Villa, en 1989.
  • El tiempo de la historia de Jorge G. Vadillo. Comienza en 1936 y acaba en la actualidad.
El resultado es una novela densa y obscura, con un ritmo narrativo lento y desequilibrado, en la que todo se mezcla y se fusiona sin armonía. La excesiva omnisciencia narrativa, la profusión de detalles de contenido libresco, las conversaciones con militares que participaron o participan en guerras actuales, todo ello confunde al lector sin que su esfuerzo se vea recompensado con un discurso fluido y elegante. Quizá el libro pretende ser algo más que una novela, es decir, un pretencioso conglomerado de relatos e informes, trufado de conversaciones pertenecientes a diversos estratos narrativos y temporales. Quizá sea eso, que seguramente lo es, pero lo que sentimos es que esa mezcolanza no es lo que hace que este libro no sea uno de los mejores de Lorenzo Silva, autor que hasta ahora se ha desenvuelto mejor en los ámbitos de la novela negra, con el creíble y sarcástico sargento Bevilaqua.
Y una pregunta que se me ocurre: ¿de quién es la voz del prólogo que introduce el relato? Esa que dice:
Soy un hombre que habla a través de otro hombre que habla a través de otro hombre que habla a través de otro hombre. O casi.
Lo que sí queda claro es lo mucho que se ha documentado el autor para escribir una novela llena de reflexiones y alusiones a otros libros de muy diversa índole. Ahí van por si os apetece leerlos y reescribir la historia:
Retorno a Brideshead, de Evelyn Vaugh.
Los últimos cien días, de Jonh Toland.
Frankenstein de Mary Shelly.
Sobre la guerra y la revolución en Getafe, de Sánchez del Pozo.
Antología de textos de José Antonio, de Gonzalo Torrente Ballester (¡Vaya!)
El pacto con el diablo, de Sebastian Haffnner.
La agonía de Francia, de Manuel Chaves.
El arte de la guerra, de Suzi ( se menciona en La estrategia del agua, la anterior novela de Lorenzo Silva).
División 250, de Tomás Salvador.
El club de lectura de los oficiales novatos, de Patrick Hennessey.
Despachos de guerra, de Michael Herr.
Sin destino, de Imre Kesrtesz.
Las benévolas, de Jonathan Litell.

Esta última novela es dura pero muy buena. Si la leéis, quizá entendáis que Lorenzo Silva ha intentado algo parecido, sustituyendo al burócrata nazi por el falangista J.G.Vadillo. Pero no se acerca ni de lejos, aunque sí que nos hace pensar sobre los desastres de la guerra y los señores que las crean y mantienen.
Además se mencionan videojuegos, películas, fotografías y documentales de tema bélico, así como las palabras del pensador W. Benjamín, del escritor alemán Günter Grass, de Dostoievski, Nabocov, Shakespeare, Tolstoi, Galdós y Bioy Casares. Y también de Kafka y Robert Graves.
Otro capítulo son los viajes que realizan  Jorge GV y su amigo, el legionario Laureano Grau en su camino de ida y vuelta a las guerras de su tiempo:
Primer viaje de JGV miembro de la División Azul:
  • Salida de Madrid, recorrido por la miserable España de postguerra. Barcelona, Francia y Berlín. Contraste entre la próspera Alemania y la pobre  España.
  • Llegada a Grodno, en la actual Bielorusia. Vilna y Minsk. Smolensko, Vitebsk y Noorgorod, a 150 Kms de Leningrado. Campaña de Krasi-Bor en 1943, entre el río Volsov y el lago Ilmen, un terreno pantanoso y congelado.
  • Evacuación a Riga y regreso a Madrid en el verano de 1943.
Segundo viaje de Jorge y Laureano a finales de 1945:
  • Salida de Barcelona, Portbou y paso a Francia. París.
  • Llegada a Stablack y a Könisberg, en Prusia, donde hacen la instrucción.
  • Atraviesan Hall en el Tirol y llegan a los Cárpatos rumanos. Regreso a Viena y, por Hannover, a Stargarden Polonia. De Postdam a Berlín. Desde allí, con la guerra prácticamente perdida, deserción y regreso clandestino a Madrid.
A los viajes de los personajes hay que añadir los de los narradores, que van a Valladolid a entrevistarse con militares que han estado en la guerra de Irak;  a Gerona para  leer las palabras de W. Benjamin; a París, pasando por Perpiñan, Dijon y Versalles. Incluso viajan a Alemania y Berlín para visitar los lugares en que estuvo Jorge G. Vadillo.
Finalizamos: esta no es una novela histórica, pero relata hechos con personajes ficticios  que  vivieron en la Historia. El tema más importante es quizá la pérdida de la inocencia y la transformación del personaje, que se inicia en la campaña de Krasni-Bor, con todo el horror de la guerra a las espaldas. Luego vendrá la decepción, pareja a la decadencia de los regímenes totalitarios, para finalizar con el desaliento que desemboca inevitablemente en el escepticismo irónico de los desengañados.  
Y aunque seguramente no haga falta aclarar el porqué del título, hay una descripción de una vieja fotografía encontrada por el narrador, fechada en 1944, sobre la que comenta:
en esa mirada adolescente, tan derecha hacia la cámara, creo ver el alma de mi personaje. Pero cuando se la enseño a mi profesor me asegura que no es él. Aún sin haberlo conocido de joven, está seguro de que se trata de otra persona. Otro de aquellos niños feroces, voluntarios para la catástrofe.
(página 281, Los niños feroces, Lorenzo Silva. Destino, 2010)
G.Benito.

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