sábado, 9 de febrero de 2013

El Quijote, capítulos I-IX REALIDAD Y FICCIÓN

Realidad y ficción

Entender bien el significado de esta dualidad de términos es una de las claves para entender esta novela, que esconde algo más que una parodia de las novelas de caballerías.  Veamos cómo se articulan estos dos componentes. 

Para  empezar, hay que sentar el principio de que todo lo que aparece en la cualquier novela es algo imaginado, es decir de naturaleza ficcional. Cuando este universo imaginado, con sus personajes, espacios y conflictos se parece al mundo que conocemos, es decir, nos resulta familiar, decimos que el relato es realista. Si no es así, hablamos de un relato fantástico. Es evidente que esto no sirve para explicar lo que ocurre en el Quijote, pues en este caso lo que se confronta, o quizás combina, no  son exactamente novela realista y fantástica sino realidad y ficción. 

Pero si nos atenemos al principio que hemos mencionado arriba, sería mejor hablar de dos niveles de ficción: el primer nivel ficcional, mal llamado realidad, el del hidalgo manchego que vive de sus rentas con su ama, sus parientes y amigos; el del tosco labrador Sancho con su esposa Teresa; el del resto de personajes secundarios  junto con los lugares que pueblan estos capítulos: venteros, sirvientas, harrieros, labradores, pastores, mercaderes, viajeros y caminantes. Todos estos personajes así como los lugares donde viven,  y los campos o caminos que recorren y habitan, conforman una realidad cercana al lector y a la sociedad del siglo XVII, por lo que  constituyen el componente realista de la novela. 

El otro componente configura el segundo nivel ficcional. Se trata de una sustancia literaria, que se superpone y opone a la mal llamada "realidad" al tiempo que la transforma en  otro universo alimentado por los ingredientes literarios que constituyenel género de la novela de caballerías. Así que, como las cajas chinas o las muñecas rusas, una realidad ficcional (la del hidalgo Quesada) contiene una segunda realidad caballeresca (la de don Quijote de la Mancha), metaficcional o metaliteraria. El primer nivel del relato se refiere al mundo que llamaríamos realista, y el segundo, al mundo literario.

De hecho, el lector conoce en primer lugar al hidalgo -a través de la excelente caricatura que aparece en el primer capítulo (un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor)- además de sus comidas, parientes y empleados: su ama, su sobrina y el mozo de campo. Luego asistimos a  la transformación del hidalgo en caballero mediante los ropajes que viste, sus armas y pertrechos. Vemos cómo bautiza a su caballo Rocinante y a sí mismo con el pomposo nombre de don Quijote de la Mancha. Después elige su dama Dulcinea y ya está listo para emprender su primera aventura. Ante nuestros ojos se va perfilando el personaje literario, el loco y alucinado don Quijote.

Esta dualidad del personaje "real" que se convierte en "ficticio" constituye la esencia de esta singular novela, ya que la doble naturaleza de don Quijote impregna al resto de los personajes, que participan de una u otra propiedad en diferente medida. El lector asiste por primera vez a una lección práctica de teoría literaria sobre cómo se crea un personaje y el contexto social y sentimental en que va a discurrir su literaria vida. Por eso los primeros capítulos están llenos de menciones a las convenciones propias de las novelas de caballerías, de modo que también aprendemos,  a medida que leemos, cuáles eran las características del género, al tiempo que nos reímos con su parodia.

Veamos el proceso que  experimenta del personaje literario o ficcional:
  • Hacerse caballero para enderezar entuertos, enmendar abusos y satisfacer deudas
  • Disponer y limpiar armas y armaduras.
  • Poner nombre a su caballo y a sí mismo.
  • Buscar dama de quien enamorarse y  honrar mediante sus hazañas. (cap. I)
  • Visitar un castillo y ser armado caballero (cap. II y III)
  • Salvar al joven Andrés de los azotes de su amo, y pedir a los mercaderes toledanos  que alaben la belleza de Dulcinea. ( cap. IV)
  • Elección del escudero Sancho Panza y segunda salida por los campos de Montiel. Promesa de títulos y de una ínsula. (cap. VII)
  • Enfrentamiento con los gigantes, con los frailes y con el escudero vizcaíno que acompañaba a una gran señora en su viaje. (cap.VIII y IX)

Este conjunto de acciones corresponden a las convenciones propias de las novelas de caballerías. Pero en nuestra novela, en estas secuencias participan también el conjunto de personajes "realistas"que se encuentran y se enfrentan a don Quijote. Y esa fricción entre realidad y ficción, entre vida y literatura, hace surgir una nueva  materia narrativa, cuya lectura resulta más que divertida, y en la que asistimos a la lucha de un personaje por trascender su propia naturaleza y construir un mundo a la medida de sus ideales. Esa es la esencia y la singularidad de el Quijote, que haciéndonos reír, nos hace reflexionar, tanto sobre la literatura como sobre las grandezas y miserias del ser humano.

Por eso, a cada situación literaria de don Quijote corresponde otra del nivel "real" que se pretende superar, y ese contraste es una de las fuentes del humor que impregna la novela. Del choque entre ambos mundos saltan chispas de carcajadas, risas y sonrisas. Veamos cómo la ficción "real" da paso a la literaria: la celada es de cartón, el caballo es viejo, el castillo es venta, el castellano es ventero, las doncellas son mozas vulgares, los gigantes son molinos, la gran dama es una viajera común, y los caballeros son frailes agresivos.

Esta dualidad real-ideal contamina a todos los personajes de la obra, de modo que todos son corrientes o caballerescos según el momento. El propio don Quijote no es siempre el caballero andante que su personaje le exige. Durante estos primeros capítulos se muestra bastante alucinado y muy metido en su papel, y según avanza en sus aventuras va transformando la realidad en su personal y caballeresca fantasía. Cuando en la venta oye el cuerno del porquero, imagina que le dan la bienvenida con honores, mientras le reciben las mozas convertidas en doncellas. No ceja en su empeño ni por la dura cama que le ofrecen ni por el abadejo que le sirven como comida. Pero el lector se desternilla ante los comentarios de los que en la venta estaban, o imaginándolo comer y beber con la celada puesta. 

Y es curiosa la reacción del ventero cuando don Quijote le dice no tener dinero, pues asistimos a una auténtica lección por parte de aquel sobre las costumbres y usos de la caballería, y encima no tiene reparos en transformarse él mismo en material literario, pues accede a fingir que es señor del castillo y, como tal, arma caballero a nuestro protagonista. Del mismo modo, la señora vizcaína que viajaba hacia Sevilla accede a representar un personaje propio de las novelas de caballerías, al acceder a cantar las alabanzas de Dulcinea. 

Para concluir con estas consideraciones, diremos que en estos capítulos, don Quijote se mantiene fiel a sí mismo comportándose en todo momento como el ideal caballero de las novelas que le volvieron loco, y por ello recibe tantos golpes que ha de regresar a su casa para componerse el cuerpo y el espíritu (realidad ineludible). Aún así, en una ocasión le sale la vena pragmática del hidalgo hambriento que se oculta bajo la piel del caballero. Cuando le ofrecen truchuelas o abadejo,  él dice, tras extensa disertación: "Pero, sea lo que fuere, venga luego; que el trabajo y peso de las armas no se puede llevar sin el gobierno de las tripas". No sólo ha perdido los usos caballerescos sino también su lenguaje.

Algunos han considerado esta novela como simple parodia de la novela de caballerías, pero es algo más. Pues si los personajes y sus conflictos son a la vez una cosa y la contraria, realistas o idealistas ¿qué es en realidad el hombre y su circunstancia? Al mostrarnos Cervantes las dos caras de la realidad, nos hace ver también que ésta puede ser mirada desde varias perspectivas, que no es estática sino cambiante, y que todo tiene al menos dos caras, según se mire. Ante el dogmatismo de un mundo percibido como realidad unívoca, se nos ofrece la posibilidad de conocer una realidad ambigua y mucho más sugerente. Y divertida, no lo olvidemos. GB