jueves, 27 de marzo de 2014

Sobre la aventura de la cueva de Montesinos





Sobre la aventura de la cueva de Montesinos


En esta segunda parte de la obra, Cervantes vuelve a hacer algunas incursiones en lo que podríamos llamar ‘teoría de la novela’ en las que insiste en las características que debe tener toda novela que se precie. Eso en cuanto a teoría o metaliteratura. Pero Cervantes ejercita continuamente esos rasgos que según la teoría debe contener toda buena obra literaria.

En este comentario quiero referirme a la verosimilitud geográfica de la que nuestra novela hace gala, para lo que me propongo contrastar lo que se dice en el texto con la realidad física y geográfica en la que se desarrolla la aventura de la cueva de Montesinos y sus alrededores, que por razones que no vienen al caso, conozco bien.

A lo largo de los capítulos 22 y 23 se nos informa de que DQ quiere ir a la referida cueva para comprobar en directo si eran ciertas las maravillas que de ella se decían. Veamos:

Hacia el final de la celebración de las bodas de Camacho, leemos:  “Finalmente, tres días estuvieron con los novios, donde fueron regalados y y servidos como cuerpos de rey, pidió don Quijote al diestro licenciado le diese una guía que le encaminase a la cueva de Montesinos, porque tenía gran deseo de entrar en ella y ver a ojos vistas si eran verdaderas la maravillas que de ella se decían por todos aquellos contornos. El licenciado le dijo que le daría un primo suyo, (…) el cual con mucha voluntad le pondría a la boca misma de la cueva y le enseñaría las lagunas de Ruidera”.







Iniciaron los preparativos para la marcha
 “…y encomendándose a Dios y despidiéndose de todos, se pusieron en camino, tomando la derrota de la famosa cueva de Montesinos”.

En el camino se entretuvieron en averiguaciones sobre la naturaleza de los estudios y las habilidades del primo, y después nos cuenta que

“En estas y otras gustosas pláticas se les pasó aquel día, y a la noche se albergaron en una pequeña aldea, adonde el primo dijo a don Quijote que desde allí a la cueva de Montesinos no había más de dos leguas, …”

Y ahora veamos la realidad geográfica de la zona descrita.
Existe un amplio consenso entre los autores sobre la ubicación geográfica de la aventura de Las bodas de Camacho, se trataría de Munera, localidad de la provincia de Albacete situada a 60 kilómetros de ésta en dirección Oeste.

Si damos esta hipótesis por buena y consideramos que estuvieron caminando durante un día dirigiéndose hacia la cueva,   no resulta aventurado concluir que esa pequeña aldea es Ossa de Montiel, que está separada de Munera unos 30 kilómetros por la carretera actual, en la misma dirección Oeste desde Albacete, y esa distancia parece razonable recorrerla en un día con caballerías. Apoya también esta idea el hecho cierto  que la cueva de Montesinos está a  6 kilómetros de Ossa de Montiel que concuerda  con lo indicado en el texto (menos de dos leguas).

Nos encontramos otra vez más ante la gran verosimilitud geográfica y toponímica que Cervantes plasmó en su obra. (La verosimilitud de lo que DQ cuenta que vió en el interior de la cueva, es otra historia).




Hay todavía otros datos  que añaden verosimilitud al relato en estos  capítulos, pues después de salir de la cueva y contar tantas fantasías, DQ muestra interés por encontrar aposento para pasar la noche, y le  dice el primo

 “No lejos de aquí está una ermita, donde hace su habitación un ermitaño que dicen ha sido soldado y está en opinión de ser un buen cristiano, y  muy discreto, y caritativo, además. Junto con la ermita tiene una pequeña casa, (…) pero, con todo, aunque chica, es capaz de recibir huéspedes ”.

 Bien, pues eso también ocurre en aquel lugar. A la distancia aproximada de un kilómetro  de la boca de la cueva, hay una ermita que con toda certeza existía ya en el tiempo en que se escribió la novela. Esta ermita da cobijo a una imagen de san Pedro de Verona, co-patron del vecino municipio de Ossa de Montiel, a cuyo término pertenecen estos parajes.

Junto a la  ermita empieza una de las lagunas de Ruidera que también cita en el texto como próximas a aquel entorno.
Resumiría repitiendo que Cervantes debía conocer muy bien toda la Mancha, pues este accidente geográfico y esta  construcción son muy modestos y además no estaban próximos a veredas reales ni otras grandes vías de comunicación de aquel tiempo, y en cambio como he tratado de decir, se ajustan bastante bien a lo plasmado en su novela.
A.A.A.



4 comentarios:

ERNESTO dijo...

Hay alguien que es capaz de llevarse el Mediterráneo a Madrid, y otros de traerse la mancha a Valencia. ¡¡Claro la imaginación literaria no tiene fronteras ni necesita de autopistas. Los sueños y la literatura siempre se llevaron bien. Somos un país de quijotes, que le vamos hacer¡¡

Ernesto

Esteban dijo...

Dice el autor del relato que: "por razones que no vienen al caso, conozco bien". Creo que sí vienen al caso, pues resulta que no sólo él es de esa "pequeña aldea" referida, sino que es un gran amante de la Mancha en general y de esos parajes en particular. Además, los que conoce muy bien y hace lo posible porque sean conocidos por el mayor número de amigos que se dejan seducir. Es mi caso. Tuve la suerte de visitar por primera vez dicha cueva siendo él el guía. Tan enamorado me quedé de lo que conocí que he vuelto numerosas veces y he llevado a cuando personas he podido.
Lamentablemente, las últimas veces que he visitado el lugar he podido comprobar que, aunque dispone de más medios y están más controladas las visitas, si DQ volviera a visitarta tal vez nos podríamos encontrar con un nuevo capítulo en el que los improperios fueran de gran calibre.
Me gustó mucho el relato. Gracias por acercar y recrear lo que merece la pena conocer. Quijotes aparte.
Esteban Rodríguez

juani algaba dijo...

Esteban lleva toda la razón, es un hombre nato de la zona, lleno de riqueza interior, donde como vemos desgrana sus palabras con tanta claridad, que sin estar allí, sueñas con llegar, para saborear, ver y sentir, que es lo que hace el autor de este texto.
Perfecta la ubicación, perfecta la expresión, perfectas la palabras.
Menos mal que en este siglo XXI, aun quedan esos quijotes que van caminando en silencio, con humildad, con sosiego,.. como tu.
¡¡¡FELICIDADADES ABDON!!!!!!
Gracia, muchas gracias por escribirnos.

Santiago Márquez dijo...

Santiago dijo...
Abdón, estoy completamente de acuerdo con tu escrito, en cuanto a la gran verosimilitud geográfica y toponímica que Cervantes tenía del lugar. Y se aprecia como eres perfecto conocedor de estos parajes. Qué bien lo argumentas y puntualizas con tus palabras llenas de viveza e ilusión, dando a conocer nuestra tierra y nuestra insigne y grandiosa obra literaria "QUIJOTE DE LA MANCHA"
Enhorabuena Abdón.
2 de Mayo de 2014