sábado, 7 de diciembre de 2024

José Avello - Análisis



José Avello (2024). 
Jugadores de billar. 
Madrid. Alianza

Emi Martí García



ASPECTOS PARA EL ANÁLISIS

1.    PERSONAJES (listado y tipos)

2.    VOZ NARRATIVA

3.    PUNTO DE VISTA

4.    ESTRUCTURA

5.    ESPACIO

6.    TIEMPO DE LA HISTORIA

7.    TÍTULO EN RELACIÓN AL CONTENIDO DE LA OBRA

8.    TEMÁTICA

9.    SIGNIFICADO E INTERPRETACIÓN DE LA OBRA

10. ESTILO 

11. OTROS ASPECTOS A DESTACAR:

11.1  ¿En qué situaciones llora Álvaro Atienza? Interpretación

11.2  Personajes para análisis psicológicos y/o psiquiátricos

11.3  Frases lapidarias, filosóficas, definiciones…

11.4   …

                                       

 

1.PERSONAJES

Álvaro Atienza - Líder del grupo. Profesor de filosofía. Jorobado. Acomplejado. Ojos de malvado. Consciente de la distancia que genera a su alrededor, excepto con sus amigos del Mercurio. Jugador de billar seco, frío. Atractivo. Obsesionado con la alumna de Rodrigo de la Escuela de Arte. De buena familia, propietarios de una fábrica de lozas y porcelana. Ansía reír arrebatadamente (p. 83). Muy oscuro y pesimista que ha sufrido mucho a causa de su deformación. Se reconcilia y entiende a su padre cuando le cuenta secretos de su familia, sobre todo de su tío Álvaro, en tiempos de la guerra civil.

Álvaro Atienza (tío) – Hombre atractivo, corpulento, moreno. Falangista sin escrúpulos. Asesino: mata a los porteros de la finca de los Omaña y a su hijo. Confabulado con Ignacio de Almar para apropiarse de los bienes de los Omaña. Violador de Adelina Valle. Malvado y pervertido.

Teresa Atienza – Hermana de Álvaro. Ojos azules, labios finos. Soltera. Muy entregada a la fábrica de porcelana familiar. Enamorada de un trabajador marroquí muy servicial de la confianza de Álvaro, con quien mantiene relación afectiva y sexual.

Melquiades Fernández – Padre de Álvaro y Teresa. Muy mayor. Encamado. Según Álvaro, el obediente cobarde, que siempre estuvo ausente como padre y al servicio de su suegro, pero el único de la familia capaz de enamorarse (de la miliciana Milagrinos).

Florentino Santerbás, “Floro”- Grande y carnoso. Alcohólico. Le sudan las manos. Dormía, comía y bebía sin horarios. Juega a ser escritor y poeta. Visita mucho la biblioteca. Jugador de billar fino y armonioso. Vive a costa de su madre y de su tía. Es un gandul. Tiene 42 años. Sufrió acoso de pequeño por estar gordo. Lo llamaban “Quintal”. De carácter débil, sin fuerza de voluntad. Enamorado de Adelina, a quien conoce desde pequeño y con la que se casa.

Adelina Valle – Bibliotecaria. Miope. Tiene 4 años más que Floro. De carácter tímido y reposado. Tiene pocos amigos. Violada y torturada por el tío Álvaro, que es asesinado por ella. Después de una tremenda enfermedad lo supera todo. Se convierte en una persona alegre y vital.

Rodrigo de Almar – Imparte clases de dibujo en la Escuela de Arte. De familia rica de Oviedo. Homosexual. Muy tímido. Muy guapo: ojos negros, piel oscura y pelo ondulado. Atlético. Actor, bailarín, pintor. Viajó a la India con Merche, con la que se supone ¿tuvo un hijo (Arjuna Pepín)? 

Merche muere de sobredosis y… (distintas versiones): 1. Él va 2 años a prisión donde se enamora de Adolfo, un yonqui. 2. Él va a un sanatorio de EEUU. 3.  Pepín, que es criado por su familia, no es hijo suyo, sino sobrino (hijo menor de su hermano).

Ignacio de Almar – Padre de Rodrigo. Muy rico. Ambicioso, sin escrúpulos. Asesino: mata de un tiro en la cabeza a María Guadalupe Omaña. Mote “Almidón” (explicación en p.726)

Covita de Almar – Hermana de Rodrigo. Casada con uno de los “grandes” de España. Ojos negros. Muy atractiva. Cuerpo contundente. Acostumbrada a mandar. Practica sexo con el personaje “X” 2 veces (de jóvenes y en la fiesta de casa de los Almar).

Personaje “X” (narrador) – No revela su identidad. Es el cuarto amigo (p. 47). Cuenta anécdotas y hechos vistos, oídos o vividos junto a los otros personajes. En p.138-139 cuenta ya cosas personales. Concretamente, su enamoramiento de la amiga de Carmina Arbeyo cuando eran jóvenes. En p.629 se reconoce cobarde en todos los aspectos de la vida, buena gente “aunque sin criados”. Enamorado de Verónica Cifuentes. Parece ser traductor (p.647). Para sanarse de todas sus desventuras, sobre todo, de la pérdida de Verónica, se dedica a escribir el libro que tenemos entre manos.

Mari la Gorda – María Guadalupe Ordás. El apodo le viene de una mala lectura de compañeros/as de la facultad, de María G. Ordás. No era gorda. Mujer tierna. Buena confidente. Sabía escuchar. Incapacitada para el desdén. Es mexicana. Canta muy bien. Hospitalaria. Nieta de María Guadalupe Omaña y biznieta de Carlos Omaña. Obtuvo la nacionalidad española por casarse con Vicente el ciclista.

Carlos Omaña – Indiano. Procedente de una antigua familia asturiana. Simpatizante de la República. Asesinado por el falangista psicópata Valentín Carvajo, al servició de Ignacio de Almar, que quiere apoderarse de sus bienes.

María Guadalupe Omaña – Hija de Carlos. Mexicana. 34 años. 2 hijas. La mujer más hermosa de Veracruz. Fumaba en boquilla de marfil. Muy moderna para su tiempo. Asesinada por Ignacio de Almar para quedarse con sus propiedades.

Vicente el Ciclista – Marido de Mari la Gorda por 3 meses. Era cojo. Llevaba una bota con suela de corcho. “Camello”. Hace trabajos sucios. Mari y él siguen teniendo buena relación. Sale de la cárcel gracias al dinero que Arbeyo guardaba en el portafolio y que Mari rescata de su escondrijo.

Manolo Cifuentes “Arbeyo” (guisante) – Casado con Carmina. Considerados los dos como muy avaros. Él muere asesinado. Columnista y fundador de un grupo ecologista “Ecoconceyu”. Había militado en distintos partidos de izquierdas. No se llevaba bien con Álvaro Atienza después de escribir la columna “Demasiado postmodernos” (se refería a Mari y  a Álvaro cuando fueron ingresados por insuficiencia respiratoria). Detestado por sus compañeros periodistas. Se creaba enemigos con facilidad. No asume que Carmina lo abandone por su jefe.

Carmina – Treintañera. Trabaja en “Grupo de Empresas”. Se enamora de su jefe 8 años más joven que ella. Es atractiva. Se preocupa más por su imagen cuando empieza a relacionarse con Borja. Afronta la crisis con su marido, pero sufren mucho los dos.

Francisco de Borja Molina – Trabaja en “Grupo de Empresas”.  Jefe de Carmina. Guapo. Rubio, de ojos azules. Según Álvaro Atienza, una de las peores personas que te puedes encontrar. Es frío y un “trepa”. Se casa con Carmina, después de que ella enviude.

Verónica Galindo – Alumna de Rodrigo de la Escuela de Arte. Ojos color miel. Emana confianza, sosiego. Sonrió a Álvaro Atienza, a través de una ventana del aula, y se convirtió en su musa. En objeto de obsesión. Ella quiere al personaje “X”. Viven unos meses juntos hasta que lo abandona para estar siempre con Álvaro.

Mariví – Amiga de Verónica. También alumna de la Escuela de Arte. Alta. Lleva una melena parecida a la sota de bastos (de la baraja de cartas española).

Tahar – Joven marroquí que trabaja para Álvaro Atienza como guarda nocturno, conductor y hombre para todo. Es muy servicial y siempre está alegre. Se convierte en el amante de Teresa Atienza.

Manuel García Baltasar – Casado con Aurora Ribalta. Promotores del negocio Grupo de Empresas. Es el presidente. Padrino de boda de Borja y Carmina.

Aurora Ribalta – Tiene cara de porcelana. Algunos dicen que es estúpida e ignorante. Otros la ven astuta y distante.

Amalio Ventura – General expulsado del ejército después del 23-F. Padrino de Borja. No se sabe si de bautizo o se dice en sentido figurado.

Leandro Sesma – Catedrático universitario recién jubilado. Fue abogado de los Almar y hombre de confianza. Firmó, como testigo, muchas de sus transacciones.

 

Otros personajes del Mercurio:

Prieto /Maribel – Matrimonio amigo de los personajes principales del billar.

Aníbal Rico – funcionario público. También frecuenta el bar.

 

Propietarios regentes del bar Mercurio:

Ramiro, el Hurón – Barman del bar. Cuñado de…

Alfonso – Hermano de Nena, mujer de Ramiro. Son propietarios del bar. Hablan mal el uno del otro.

Nena – Desafiante, siempre al acecho. No tenía hijos. Se “enrollaba” con cualquiera.

Los personajes principales (Álvaro A. Rodrigo de Almar, Floro y personaje “X”) son redondos, es decir, evolucionan, se transforman, cambian psicológicamente. Otros, los más malvados, como Álvaro Atienza (tío) e Ignacio de Almar son planos. No hay evolución ni para bien ni para mal. Incluso en Mari (personaje muy positivo) no se producen cambios en su psicología. Ella es buena y comprensiva siempre.

 

2. VOZ NARRATIVA

Se nos presenta una historia argumental con distintas voces narrativas: 

1. Narrador interno testimonio, personaje “X”. 

Se muestra a partir de verbos en 1ª persona del singular y 1ª persona del plural. Así como, de pronombres personales y de determinantes posesivos de 1ª persona del singular y del plural. Ej. (p.14) “No diré quién soy”, (p.44) “Rodrigo nos había contado”, (p.67-68) “Mari la Gorda me había contado”, “Todos nuestros nombres”, etc. 

Además, cuando relata acciones o hechos vividos en el presente de los personajes, cuenta lo que ve y lo que escucha de otros personajes, no lo que sienten o piensan. Ej. (p. 129-139) “por eso aquella conversación…”, “yo suelo fijarme en este tipo de cosas “.

También da distintas versiones de algunos hechos. En (p.44) cuenta lo que Rodrigo les contó, pero no coincide con la versión que Mari cuenta. Hace anticipaciones, p. ej. del asesinato de Arbeyo. 

O, como narrador personaje, no conoce a Mariví (amiga de Verónica) cuando la ve hablar con Floro en un bar, pero un narrador omnisciente ya nos había hablado de ella en páginas anteriores (p.148).

2. Narrador externo omnisciente. 

Cuenta todo sobre los personajes: lo que hacen, dicen, piensan y sienten. Sobre todo, de su pasado.

3.  Narrador interno personaje: Melquiades, padre de Álvaro Atienza.

El narratario es Álvaro. Su padre le cuenta la historia de su tío Álvaro y hechos de la guerra civil española.

4.  Narrador interno personaje: Mariví

El narratario es Floro. Mariví le cuenta el encuentro sexual de su amiga con el deportista de la playa.

5. Narrador interno personaje: Álvaro Atienza.

La narrataria es Mari. Álvaro, en las últimas páginas, le cuenta todo el desenlace de lo sucedido.

6. Narrador interno personaje: Mari

El narratario es Personaje “X”. Mari le relata lo que le contaron Álvaro y Vicente

 

3. PUNTO DE VISTA

La voz narrativa siempre adopta un punto de vista subjetivo, tanto cuando narra uno de los personajes, como cuando es una voz omnisciente. Se nota por los juicios de valor que hace o por la adjetivación utilizada en las descripciones. Ej. “aquella encantadora palabra (picnic) sólo significa ir de merienda…” (p. 190), “… graciosos cojines y sillitas de lona que…“…Incluso Alvarito” (p. 192). Con los diminutivos hay una muestra de afecto y ternura.

 

4. ESTRUCTURA

Como estructura externa, la novela se divide en 26 capítulos distribuidos en 4 partes. La primera, Primavera: espejos y cristales (cap. 1 al 6). La segunda, Verano: el lado oscuro de la calle (cap. 7 al 18). La tercera, Otoño: el cuarto jugador (cap. 19 al 25). La cuarta y última, Invierno: nieve sobre la ciudad (cap. 26).

5. ESPACIO 

Macroespacio real: ciudad de Oviedo. Esporádicamente, Gijón, Madrid e Irlanda.

Microespacios reales: calle Melquiades Álvarez, calle Mon, Facultad de Filosofía, Escuela de Arte …

Microespacios evocados: bar Mercurio, Restaurante Cabo Peñas, bar Chipi, zapatería “Las Novedades” …

 

6. TIEMPO DE LA HISTORIA

-       Presente de los personajes a lo largo de un año (estructura de la novela en 4 estaciones), en la década de los 90.

 

-       Pasado de los distintos personajes (recuerdos, vivencias…) en la década de los 60 o 70.

 

-       Pasado, años de la guerra y el franquismo.

 

 

8. TEMÁTICA

Tema principal: la amistad

Subtemas o temas secundarios: 

             - El amor como sanador de las heridas y de la soledad

   -La dominación sobre otros (Atienza sobre Verónica, Arbeyo sobre Floro…)

            - Los perdedores y la marginación social

            - El fracaso en la vida

            - La traición

            - El autoengaño y la mentira

            - La injusticia

            - La soledad

            - La especulación y la corrupción

                               

 

11. OTROS ASPECTOS A DESTACAR:

11.1  ¿En qué situaciones llora Álvaro Atienza? Interpretación.

- Cuando Verónica, la estudiante de la Escuela de Arte, lo mira y le sonríe a través del cristal de la ventana del aula. (p.30)

- Cuando, en Arriondas el día de las piraguas, los 20.000 asistentes cantan “Asturias, patria querida” con una sola voz. (p. 136)

- Cuando ve a Verónica masturbarse.  Explica por qué lloró en p.702.

 

11.2  Personajes para análisis psicológicos y/o psiquiátricos.

Álvaro Atienza. Obsesión por Verónica. Pesimismo y amargura vital por su deformación.

Álvaro Atienza (tío). Violador cruel. Asesino.

Adelina Valle. Víctima. Sentimiento de culpabilidad.

Personaje “X”. Depresión

                  …

11.3  Frases lapidarias, filosóficas, definiciones…

(p. 134) “… quizás la comprensión no sea otra cosa que un acto de amor, algo que surge más del afecto que de la razón”. (personaje X)

(p. 632) “El pasado no cesa de ocurrir”. (personaje X)

(p. 638) “…esto es la supervivencia, el desnudo y limpio sentido de la vida, una contabilidad de comidas y defecaciones”. (personaje X)

(p. 639) Definición de la “acidia”. (Mari la Gorda)

(p. 642) “La amistad es un lazo mucho más fuerte que el amor, te exige lo esencial de ti mismo, pero nada más”. (personaje X).

(p. 643) Fragmento explicativo sobre qué es la amistad.

(p. 655) “El sufrimiento te permite descubrir lo importantes que son las cosas que carecen de importancia”. (personaje X).

(p. 713) “La memoria de los antepasados es muy frágil cuando no consta en un legado inmobiliario”. (personaje X).

(p. 731) “… amar es el acto de egoísmo más perfecto de todos, pues a quien más beneficia es a quien lo ejerce. Te libera de ti mismo y te saca fuera”. (Álvaro Atienza)

(p. 734) “… la venganza, no sirve para nada y si la consigues te llena de amargura, el daño de la venganza recae en primer lugar sobre el vengador”. (Mari la Gorda)







lunes, 13 de mayo de 2024

José Avello - Presentación

No hemos encontrado mejor presentación para nuestro autor que esta autobiografía fruto de una larga entrevista que le realizó, en 2011, Javier Moran, periodista de La Nueva España, y que seguro nos ayudará a conocer al personaje y a entender mejor su obra.




José Avello Flórez 

(Cangas del Narcea, 1943 – Madrid, 2015)




Entre el Juzgado y América

«Nací en Cangas del Narcea en 1943. No conocí a ninguno de mis cuatro abuelos, que habían muerto antes, pero sí a una bisabuela, Concha Azcárate. Mi abuelo Manuel Avello fue secretario del Juzgado municipal de Cangas. Hace poco que pude consultar una crónica de un periódico de la época, el Asturias”, que se editaba en La Habana. En él el periodista Gumersindo Morodo, que firmaba como «Borí», escribe en 1917 que mi abuelo había aprobado las oposiciones en Madrid. Los Avello son una familia de Cangas desde hace muchos años. En una ocasión, el periodista Manuel Avello, que no tenía parentesco conmigo, me explicó que los Avello de Asturias provenían de una misma zona, entre Barcia y Luarca, y que él había localizado una casa solariega antigua de donde provenía el apellido. Mis abuelos maternos, los Flórez López-Azcárate también son nacidos en algunos pueblos del entorno de Cangas. Estos Flórez fueron emigrantes, como tantísimos asturianos emigrantes. Se fueron a América y, de hecho, mi madre nació en Santo Domingo. Mi tío Gil estuvo en México y a mi tío Pepe, por el que yo llevo el nombre, lo llamaban El Habanero”, aunque no había nacido en La Habana, sino también en Santo Domingo. Mi abuelo materno, Joaquín Flórez, parece que fue un hombre que se enriqueció y arruinó varias veces con negocios en América, y de él también hay una noticia en estas crónicas del periódico Asturias” en la que se cuenta que en 1917 o 1918 hace un embarque de frutos secos, castañas, avellanas, desde el puerto de Gijón con destino a La Habana. Un cargamento que le debió de salir muy mal porque parece que los frutos secos se estropearon y pudrieron en el barco. La familia se estableció más tarde en México, donde todavía se vivía el final de la revolución mexicana. Mi abuelo se dedicaba a viajar y en la familia cuentan una historia, quizás idealizada, de que él estaba fuera, en Veracruz. Mientras, su esposa, mi abuela, Mercedes López Azcárate, estaba acompañada por una hermana suya, de 19 años, que la ayudaba, y por sus cinco o seis hijos pequeños. Mi abuela se pinchó con una planta y contrajo una septicemia, de la que murió con 27 años. Entonces aquella chica de 19 años, mi tía abuela Lola, tuvo que pedir la repatriación con toda la familia y vuelve a Cangas, donde mi madre y todos sus hermanos son criados por la bisabuela Concha, que los acoge como huérfanos en su casa. De mi abuelo apenas se volvió a tener noticia: volvió del viaje, se encontró con que su esposa había muerto y la familia estaba de regreso en España. Parece que escribió algunas cartas y murió al poco tiempo».


Cangas: protección y aventura

«La bisabuela Concha era la dueña de la casa y de las fincas porque con el dinero que mandaba la familia desde América había comprado bienes, entre ellos esa casa de Cangas, al lado del Ayuntamiento, donde después pusieron una fonda. El edificio todavía existe. Pasé en Cangas toda la infancia, hasta los 12 años. Mis padres eran Benigno Avello y Estela Flórez, y a mí me conocía mucha gente como Pin de Estela. Ella tenía un estanco en el centro del pueblo, en la calle Mayor. Una de las cosas que me marcó el carácter son esos años infantiles, en los que aprendes lo que es la lealtad, la amistad con tus iguales, que son todos los del pueblo. En esos años cuarenta, primeros cincuenta, el pueblo entero era una especie de extensión de la casa, es decir, que andabas con una cierta seguridad por el pueblo o por los montes de alrededor. Los juegos infantiles eran a veces las batallas a pedradas, pero sobre todo eran juegos de competición, cuando tocaba la época de las chapas, de las bolas o de jugar a las espadas. Todo ello producía una sensación de universo completo, de que ahí se acababa el mundo. Por otro lado, era una experiencia muy enriquecedora y toda la gente de mi generación, los que fueron a la escuela pública conmigo, los amigos de la primera infancia, siguieron siendo amigos toda la vida. Los amigos eran una especie de extensión de la familia, que en sí misma era muy grande. Tenía montones de primos, tanto por los Avello, que eran nueve o diez hermanos de mi padre, como por los Flórez, siete u ocho hermanos, de modo que yo tenía 30 o 40 primos de mi edad más o menos. Yo, que era el pequeño, tenía además a mis dos hermanos mayores y una hermana. El clan familiar te daba una sensación de protección, de seguridad y, al mismo tiempo, de aventura; y la aventura eran los otros, era que había que jugar a las bolas y ganar y aprender los valores fundamentales. De mi infancia puedo decir que fue muy feliz, pero más que feliz yo diría que la infancia es ese período de intensidad emocional en el que los amigos, sean por los aprecios o los menosprecios, tienen un grandísimo valor».


No transmitir el trauma

«La Guerra Civil había dejado huella en la familia. La parte de mi padre quedó muy machacada. Mi padre, como mi abuelo, era secretario del Juzgado de Cangas, y sus hermanos César y Noé también eran oficiales del Juzgado, el primero en Oviedo y el segundo en la misma Cangas. En la guerra, a otro tío mío, Manolín, lo fusilaron en los primeros meses sólo por ser funcionario. Otros dos hermanos de mi padre, Abel y Moisés, fueron a la guerra. Abel se mató en el frente, en una moto, y Moisés estuvo exiliado en Francia toda la vida. Por los Flórez, mis tíos Joaquín y Pepe «El Habanero» estuvieron en la cárcel y salieron después de la guerra. Era gente más o menos liberal. Sin embargo, la guerra no era algo de lo que se hablase en casa, es decir, que mi padre nunca la mencionó. Creo que eso fue muy general en toda España y en Asturias: no transmitir ese trauma fortísimo que fue la Guerra Civil a las otras generaciones, pero luego te vas enterando de ello a medida que pasan los años. El silencio sobre la guerra se nota sobre todo en los pueblos, porque queda muy marcada la gente: quiénes estuvieron, quiénes denunciaron, quiénes hicieron qué».


Gasóleo y malas carreteras

«En Cangas no había instituto de enseñanza, pero sí una academia que llevaba un maestro, don Alberto Andreoloti, junto con sus hijas María Isabel y Finita, que estaban recién tituladas como maestras. Los pocos chavales que continuábamos con los estudios éramos los de esta academia o los que se habían ido al Colegio de los Dominicos o a los Jesuitas de Gijón. Estudié así los dos primeros años de Bachillerato e íbamos a examinarnos al Instituto de Oviedo, en aquellos Alsas que empleaban en el viaje cuatro horas y media o cinco. El viaje era terrible y te mareabas por aquellas carreteras, con el olor a gasóleo además. Recuerdo la primera vez que fui a Oviedo, que debió de ser a una boda o algo así, y luego me llevaron a Gijón, a ver el mar. Debía de tener yo unos 7 años y lo que me impactó de Oviedo al llegar fue el olor, un olor que yo no sabía cómo identificar, como de hollín. Tal vez todavía existía el alumbrado de gas, que dejaba un olor que la gente de la ciudad no distinguía y que, sin embargo, al llegar de un pueblo de fuera, del aire limpio, era muy impactante. Me impresionó tanto aquello que después tuve identificado a Oviedo por ese olor. Cuando acabé segundo curso de Bachillerato en Cangas fui a examinarme en septiembre de una asignatura que me quedaba y en ese momento nos dieron la noticia de que se había muerto el pobre de don Alberto, el profesor de la academia. Entonces me buscaron colegio y fui al Corazón de María en Gijón, porque una prima mía mayor vivía allí cerca del Colegio de los Claretianos. A esta prima, Zita Avello, la quise muchísimo y es una especie de matriarca de los Avello, la mayor que queda de aquella generación».


Discusiones sobre religión

«En el Corazón de María pasé la adolescencia, hasta sexto de Bachillerato, durante cuatro cursos. También es una época que toda la vida he recordado y hasta hace poco podía reproducir los nombres de mis compañeros de clase y cómo estábamos sentados en el aula. Es un sentimiento emocionalmente muy gratificante y muy fuerte, pese a que no volví a coincidir después con ellos, excepto con Mariano Antolín Rato o algún otro compañero que estudió Químicas en Oviedo. Fueron años muy intensos de adolescencia, con la crisis religiosa que se iba mezclando con las vacaciones en Cangas, donde tenía discusiones sobre religión con los amigos y, sobre todo, con mi primo Cote Álvarez Flórez, dos años mayor que yo. A mi primo siempre lo he admirado, pero en esos años lo hice con una intensidad especial porque a sus 13 o 14 años ya era un artista completo: era un dibujante magnífico, hacía tallas de madera o dibujaba cómics con una gran facilidad. Y además era un extraordinario poeta. De hecho, yo siempre supe de memoria más poemas suyos que míos. José Manuel Álvarez Flórez vive en Barcelona y ha publicado libros que son una combinación entre novela y relato fantástico, en una prosa con mucha fuerza. Y también publicó relatos sobre lo que denominó los astures celestes”, muy interesantes. Leíamos los Evangelios y discutía sobre religión con Cote, con Umberto o con otros amigos. El poso que quedaba de aquellas discusiones era el interés por entender, algo que se produjo un poco antes de que llegara yo a la Universidad. En el Corazón de María de Gijón había tenido mucha presión religiosa, en el sentido de presencia única de la religión, sobre todo durante los dos primeros años, en los que yo fui muy místico, de comunión diaria. Recuerdo haber hecho cálculos en un diario que llevaba en aquella época de colegio y muchísimos días los internos escuchábamos dos misas, más el rosario. Comíamos y cenábamos en silencio y se leían libros sagrados o alguna novela en el refectorio. O sea, que teníamos una especie de disciplina monacal. Ya digo que era interno, y en una época en la que había que llevar el colchón de casa, con las sábanas, y los cubiertos. La situación era penosa, aunque luego el colegio fue mejorando y ya ponía los colchones. Fueron tiempos de mucha disciplina, de cantar el Prietas la filas”, de acudir al izado de la bandera y de la imagen de un cura con el brazo levantado, que a mí se me hizo chocante. Y la religiosidad estaba muy cosificada, muy ritualizada, de forma que en seguida, con un poco de espíritu que tuvieras, te ibas a rebelar contra aquello. Eran años inquietos y ya digo que discutíamos sobre religión en Cangas, con Cote o con Paco Chichapan”, Francisco Prieto, amigo de toda la vida. Chichapan era el apodo de la familia por ser panaderos desde su bisabuelo. También discutíamos de política y de poesía. Paco era un gran lector de Neruda y yo pasaba mucho tiempo escribiendo poemas, muchos ripios, y casi me salía el pensamiento en sonetos. Más tarde, en el primer o segundo año en la Universidad de Oviedo gané un premio de poesía».


Derecho y Filosofía

«Había estudiado el Bachillerato de Letras, pero cuando llegué al Preuniversitario en el Corazón de María no había profesor de Griego, asignatura que hasta entonces nos había dado el profesor de Latín, más o menos a trancas y a barrancas. Y como sólo éramos tres de Letras suprimieron el PREU de Letras y ese curso me fui a estudiar a los Dominicos de Oviedo, donde estaba el padre Basilio, que era de Cangas y me facilitó poder entrar allí. Por las Letras me había inclinado desde cuarto de Bachillerato, pero decidí hacer Derecho, sobre todo, por entender un poco el mundo de la política y el mundo de la sociedad. De todas formas, asistí por libre durante dos cursos a las asignaturas de Filosofía de Gustavo Bueno. Mariano Antolín Rato estudiaba Filosofía y como éramos muy amigos yo hice los cursos con Bueno, con quien entablamos una cierta relación y entramos en un mundo de pensamiento distinto. En la Universidad también tuve desde muy pronto mucha actividad.


Poesía pura contra social

«En aquellos comienzos de los años sesenta había también inquietud política, que era verdaderamente una inquietud crítica a causa de un sentimiento de falta de libertad. A mí lo que verdaderamente me interesaba era la literatura, el teatro, la poesía, pero lo político estaba presente en todo el ambiente cultural, de manera que la poesía o era poesía social o parecía que no era nada. Le teníamos manía a Juan Ramón Jiménez, pero a la vez había otros que estaban más en ese lado de la defensa de la poesía por sí misma, de la poesía pura. Yo no sabía quién era Borges y hay una conversación con Andrés de la Fuente que no se me olvida. Discutíamos en una ocasión en el patio de la Universidad acerca de poesía y de poesía social y me dijo: El verdadero poeta es Borges”, cosa que yo apunté muy bien para enterarme. Andrés de la Fuente se hizo abogado y se casó con la escritora Carmen Gómez Ojea, y era un buen poeta entonces; escribía y no sé si siguió haciéndolo porque yo le perdí la pista. Era un buen poeta y desde luego no estaba para nada con los de la poesía social, mientras que en eso yo era bastante militante. Pero, aunque esto de la política era bastante ingenuo, me dediqué mucho a ello en medio de todas las actividades que realizaba».



Bienvenida en el teatro

«Empecé haciendo teatro y recitales de poesía y conocí a gente entonces muy interesante para mí. Fue el descubrimiento de todo un mundo. En aquellos años la Universidad de Oviedo tenía aquel espacio que compartíamos Derecho y Filosofía, en el edificio de la calle de San Francisco. Un espacio impagable en que te encontrabas también con gente de otros cursos. Allí conocimos a Juan Cueto, con quien entramos en contacto y creamos la FUDE en Oviedo, la Federación Universitaria Democrática Española, que era una especie de sindicato de estudiantes. En una ocasión vino a vernos a Oviedo Nacho Quintana, que era íntimo amigo de Juan y estudiaba en Madrid, donde ya estaba militando en la FUDE y en el Felipe” (Frente de Liberación Popular). Juan Cueto me lo presentó y fue el contacto para fundar la FUDE en Oviedo. Después del Felipe”, Nacho Quintana estuvo en el Partido Comunista y en el movimiento de barrios de Madrid. Pero en la Universidad había mucho más. Estaba Carlos Álvarez Novoa, el actor, que era director del TEU (Teatro Español Universitario); o Luis Fernando Amor, el pintor, que ahora vive en Santo Domingo. A Mariano y a mí en seguida nos dan la bienvenida al TEU. Allí estaba Chus Quirós, o Celso García. Lo recuerdo porque en el primer año de Universidad fui al Colegio Mayor San Gregorio, del que era director Zulayca, con el que tenía una relación porque él estaba casado en Cangas. En el colegio traté de hacer una revista que se iba a llamar Novilunio”, Luna nueva. Luego la cosa no fue adelante, pero me acuerdo de que entré en contacto con Celso García, que era de Navelgas y un magnífico escritor de cuentos. Al escribir él solía decir: Es que se me sube la fiebre”. También andábamos con Juan Cueto, su esposa, Rosa Corugedo, y el hermano de ésta, Fernando Corugedo. Desde el punto de vista literario, yo creo que Fernando era el más preparado. Igualmente, con los años siempre me he dado cuenta, aunque ya entonces lo percibía, que de aquella época el que tenía más fundamento, el que más había leído era Juan Cueto, y también Vidal Peña, que era un pelín mayor. Quedé admirado cuando Juan y Rosa volvieron de Argelia y estuve viendo en su casa la biblioteca, que tenía precisamente aquello que yo trataba de buscar para leerlo. Era lo más al día que se podía estar en semiótica, en análisis del cine, etcétera».


Recitales llenos

«Oviedo en sí misma era una ciudad muy atractiva, con actividad cultural intensa y, sobre todo, porque estaba abierta a iniciativas que cualquiera pudiera emprender. Por ejemplo, algo que me pregunto es cómo pude llegar a ser vicesecretario del Ateneo de Oviedo. Y fue porque tenía iniciativas y quería hacer teatro. En el Ateneo organizamos un aula de teatro, un aula de cine, que la llevaba Juan Cueto, y un aula de poesía, que la llevaba yo para hacer recitales, y teníamos unos llenos impresionantes, por ejemplo, en un recital sobre Lorca y Miguel Hernández. En el Ateneo hubo unas personas a las que yo no volví a ver, pero que me parecen dignas de encomio: el secretario era Ricardo Balbín, que creo que era funcionario del Ayuntamiento de Oviedo, y el presidente era el doctor Estrada. También era vocal de la junta directiva y venía a las reuniones don Pedro Masaveu, siempre vestido de una manera impecable. Yo tenía 20 años y asistía a esas reuniones; te aceptaban las propuestas y así me nombraron vicesecretario. Hacíamos teatro y recorríamos Asturias. Estaba Linos Fidalgo, locutora de Radio Asturias y entonces novia de Carlos Álvarez Novoa; y con Carlos Rodríguez, también locutor, y Mari Carmen Manzanal. Y actuaba Pedro Civera, el actor que ahora tiene una compañía de teatro».


Artes de enredo

«La mucha actividad daba lugar a que tenías muchos contactos y de ellos siempre salían cosas muy gratificantes. Recuerdo algunas noches en las que estábamos en el Tívoli un rato, jugando a los dados, y luego subíamos hasta La Nueva España, para pasar un rato de tertulia en la redacción. Allí estaba Juan Ramón Pérez Las Clotas, que respaldaba a todos los que tuvieran alguna iniciativa cultural. Y también estaba Chano García, uno de los periodistas de la generación joven de la época. Y, además de todo aquello, estaba la actividad política en la FUDE. Pero llevé una enorme decepción porque terminé entrando en el Partido Comunista. No había leído a Marx, ni tenía idea de la teoría de plusvalía, ni nada semejante, y la entrada en el PC era sólo por un sentimiento de libertad, porque uno sentía un poco el régimen como humillante: todo estaba prohibido. Mariano Antolín Rato vino a estudiar a Madrid en tercer curso y yo me quedé estudiando en Oviedo. En una ocasión me llamó: Ven a Madrid que queremos decirte algo”. Me vine y me presentó a Santiago González Noriega, una de las personas más brillantes que he conocido, muy culto, un filósofo. Noriega me enredó literalmente para entrar en el PC, y digo que me enredó porque lo hizo utilizando artes como la de preguntarme: “¿Tú lo que quieres es ser notario?”. Así, mi entrada en el PC fue una cosa más personal que ideológica. Yo no era marxista en absoluto; es más, a las pocas semanas, Santiago González Noriega se salió del PC escindiéndose con una facción todavía más de extrema izquierda».


Desconexión humillante


«Después del viaje a Madrid volví a Oviedo y le conté a Juan Cueto o a Roberto Merino que había entrado en el PCE. En Madrid me había dicho que un enlace se pondría en contacto conmigo y ese enlace resultó ser Feito. Seguimos en la FUDE, pero éramos también del PCE. Y sucedió una cosa muy decepcionante: hubo una de las huelgas de mineros e hicimos una recolecta de dinero en la Universidad, pero el partido nos desconectó completamente a los estudiantes de todo lo que estaba pasando. Nos dijeron que entregásemos el dinero a alguien de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) o de la JOC (Juventud Obrera Católica), porque parece que el PCE había entrado en esas organizaciones. A mí me pareció bastante humillante porque desconectarnos significaba que nosotros con la rama obrera y con el tronco principal del partido no teníamos ningún tipo de relación. Un buen día de 1964, hacia marzo, se presentan de repente mi padre y mi hermano Jorge en Oviedo, sin avisar (mi padre nunca se movía de Cangas), y me dicen que algún conocido del Gobierno Civil les había dado un aviso: que me iban a detener. Al saberlo, mi padre se había comprometido con quien le había contado aquello a que yo dejaba Oviedo. «Vas a Salamanca o Madrid», me dijo. No sé muy bien por qué podían detenerme y mi padre ni sabía si yo militaba o no militaba, aunque sospechaba. Pero ésa fue la razón de venirme a Madrid a continuar la carrera de Derecho».


En el sorteo de África

«Mientras tanto, todos los veranos salía al extranjero. En sexto de Bachillerato ya había ido a un campo de trabajo en Inglaterra y después pasé varios veranos en París y en Suecia. Hacía autoestop por toda Europa, de manera que me movía bastante, veía a gente, y en París, sobre todo, a gente de izquierdas o del PCE. En Madrid ya estaba mi amigo Mariano Antolín Rato, que había venido el año anterior, y nos fuimos a vivir a una pensión. Para mí fue un cambio importante con el estilo de vida de la gran ciudad. La Universidad la frecuentaba más bien poco, nada más que para exámenes. Fueron años de conocer a gente, de entrar en otro tipo de valores y, sobre todo, de abandono completo de la política. Hubo un momento en el que me pareció que la acción política no solucionaba los problemas vitales de la gente y entonces yo ya no era un adolescente, sino que tenía 21 años. Salí del partido. Por supuesto, la dictadura no se podía tragar, pero dejé la militancia. Traté más con Santiago Noriega y con Mariano Antolín, y con viejos amigos de Cangas que vivían en Madrid. Fueron dos años de transición hasta que me pasó una cosa: que entró África en mi vida de una manera, en principio, colateral. Había renunciado a las milicias universitarias porque me habían informado mal: que no me admitirían debido a las fichas policiales. Luego resultó que personas muchísimo más comprometidas que yo hizo las milicias e incluso salieron de oficiales. Entré en el sorteo puro de la mili y me tocó el Sahara, en el desierto del Aaiún, durante año y medio. Regresé en 1968 a Madrid y un amigo, Francisco Cortina, nos consiguió a Mariano y a mí un trabajo en Salvat, de tres o cuatro horas por las tardes. Sacaba un dinero y la verdad es que la cosa del dinero siempre la tuve bastante resuelta. Cortina me volvería a ayudar tiempo después. Quico Cortina siempre fue una solución».


La peor política

«Ese año, por una pura casualidad, una conocida de una amiga me puso en contacto con una empresa francesa de obras públicas que iba a construir el puerto de Guinea Ecuatorial. El país había obtenido la independencia de España y al gerente de esa empresa, un español, lo habían expulsado. Vi aquello como una nueva aventura en África y me presenté a una entrevista con el director francés. Buscaban a un español que supiera bien francés, y el Derecho también ayudaba al perfil. Yo no había llevado nunca una gerencia, pero aquel francés debió de confiar más bien en el aplomo personal. Un mes después, en noviembre, estaba en Guinea. Al llegar, reclamé que mi novia, Milagros Gonzalvo, que acababa de terminar Económicas, se viniera conmigo; pero las leyes de la colonia prohibían la entrada de mujeres solteras, así que nos tuvimos que casar por poderes y ella llegó a Guinea en enero. Nos tocó todo el problema de Macías, la ruptura con Madrid y la huida de los españoles. No podía haber sido peor la política del Gobierno franquista con Guinea. Estaba en la inopia. Al ser independiente, Guinea tenía que pasar a depender de Asuntos Exteriores, pero Carrero Blanco, que tenía intereses personales, la mantuvo también en Presidencia, en plazas y provincias africanas… o sea, que dependía de Carrero y de Castiella. Primero organizan partidos políticos, que en España estaban prohibidos; después una Constitución, que aquí no había. Todo de cara a la ONU, pero encima les sale mal porque organizan unas elecciones y las gana el candidato que les es contrario, Macías, que era un hombre medio loco. Nada más había que escucharle en los discursos que daba en la plaza: repetía y repetía las frases; hablaba contra los madereros, luego de los madereros españoles y a continuación de los madereros españoles y blancos. Era una tensión brutal».




Pánico en Bata

«Y hubo el incidente estúpido de la bandera que Macías quiso retirar del consulado, de las dos de España que había. El cónsul, un poco zoquete, dijo que era una cuestión de honor de la patria y Macías mandó unos soldados y la quitaron, así que la Guardia Civil salió del cuartel y tomó la ciudad de Bata dejando a la Guardia Nacional guineana encerrada en su propio cuartel. A las dos horas llaman de Madrid y preguntan qué es aquello, porque se suponía que la Guardia Civil estaba allí para enseñar a los guardias locales y proteger la población. Entonces la Guardia Civil se retira, pero se produce una oleada de pánico en la ciudad y los blancos, los españoles, huyen a refugiarse en el cuartel de la Guardia Civil, por miedo a las represalias. Estaba todavía fresco lo del Congo belga y los mau mau, con los cadáveres de occidentales bajando por el río Congo. Pero en Guinea no sucedió eso, aunque la gente pasó muchísimo miedo. De 3.000 blancos permanecimos sólo 37 en Bata, y Milagros fue la única mujer blanca que se quedó. Así estuvimos dos o tres meses y la flota española vino a recoger a los huidos, que permanecieron cercados en la playa de Bata. Los sacaron con barcazas. Mientras, a los que habíamos quedado, Macías nos garantizaba que no nos pasaría nada. Pero fue una ruina y el país se quedó sin comercio. De repente, uno ve que una colonia es un lugar en el que no hay cerillas, donde no hay jabón, donde se acaban las aspirinas?, es dependiente en todo. De hecho, por no producir, no producían ni café; de los secaderos pasaba el café en bruto al exterior y en los bares se tomaba Nescafé. En esos dos años, uno de los trabajos que tuve que hacer como director de una sucursal de obras públicas fue buscar canteras en la selva para los rellenos del puerto. Las localizábamos y venía un ingeniero de París para hacer los sondeos. La selva es un lugar verdaderamente inhóspito, más aún que el desierto. Un lugar espeluznante, una selva tropical densísima donde apenas se puede respirar, donde casi no hay luz porque es muy sombría, y donde es todo igual. Das un paso mal y te pierdes. Llevábamos un guía y un machetero. «Si le pasa algo al guía, aquí nos quedamos», pensaba yo. Era la idea de naturaleza, que es por otro lado un concepto inventado en el siglo XVIII, que se hizo casi sinónimo de lo sagrado, del ello; es terrorífica».

Ejecutivo o escritor

«Volvimos a España a comienzos de 1971. En Guinea habíamos tenido a nuestro hijo Jasón. Aquella etapa fue para mí una experiencia personal muy importante y además tuve bastantes ingresos y tenía mucha capacidad de ahorro. Nada más llegar a España nos fuimos a vivir unos meses a Torremolinos, para la aclimatación del calor del que veníamos, y luego estuvimos por Cangas otro tiempo. Eran unos años completamente diferentes de éstos de la tragedia del paro. Nos dijimos: «En enero nos ponemos a trabajar» y así fue. Mandabas currículum o ponías un anuncio en la prensa y lo encontrabas. Estuve los años siguientes trabajando en una empresa de producción industrial, de adjunto al director general. Ganaba también mucho dinero, pero tuve que empezar a replantearme qué quería hacer. Siempre me había visto a mí mismo como escritor y estaba malgastando el dinero como ejecutivo y llevando un tipo de vida que no conducía a ningún sitio. Para colmo, después de madrugar durante la semana, llegaba el sábado y me dolía la cabeza, o sea, el justo castigo a mi perversidad».

Una novela con ambición

«Hacia 1975 decidí que me iba a dedicar a la literatura. Me despedí de la empresa y me senté a escribir. Y no escribía. Aunque la constancia es fundamental, no sirve de tanto la voluntad. A través de Quico Cortina empecé a hacer trabajos para Alianza, de corrector de estilo, y también para Ramón Akal. Aquello no estaba mal, pero hice otros muchos trabajos. También veía a mucha gente y me hice con amigos que conservo, gente del cine, sobre todo: Marisa Paredes, Carlos Rodríguez Sanz, Álvaro del Amo, Augusto Martínez Torres. Salía todas las noches e íbamos al Dickens, al Libertad, a la Fábrica de Pan, locales de la época donde se reunían escritores o gente de la cultura y del cine. La novela La subversión de Beti García” empiezo a pergeñarla en esos años. Fue finalista del Nadal” en 1983 y se publicó en 1984. Era una enorme ambición la que tenía; lo que yo pensaba es que, o haces la mejor obra o no vale la pena. Beti García llegó a tener más de 1.000 páginas. Por esos años le dejé una de esas versiones a Ignacio Gracia Noriega porque me comentó un día, o lo escribió en algún sitio, que yo había imaginado una ciudad subterránea debajo de Oviedo, que conectaba Gijón, Avilés y Oviedo, y a la que se accedía a través de los estancos, que como su propio nombre indica tenían puertas estancas. Había una doble realidad que era la que estaba sustentando todo lo que ocurría encima. Bueno, era una cosa bastante paranoica, con un detective y todo eso, y lo quité de hecho de la novela definitiva. Estuve ocho o nueve años con esa novela hasta que renuncié a hacer una obra maestra y me dije: Esto es lo que puedo hacer y esto es lo que voy a publicar”».


Pop cross y Universidad

«Mientras tanto, hice muchas otras cosas. Por ejemplo, tuve un negocio de vacas, como socio de José Luis Somoano, que era de Cangas de Onís, pero había sido alcalde de Cangas del Narcea cuando estuvo allí de director de la Caja Rural. Me propuso invertir un dinero en comprar 60 vacas en primavera, cuando bajaban de la sierra de la ribera a Somao, al lado de Cangas de Onís, y alquilar una vega cerca de Leitariegos, una sierra de verano, para engordarlas y venderlas en otoño. Funcionó bien el primer año, pero el segundo, menos, porque nevó muy pronto, en septiembre. Tuve otro negocio curioso, que fue la concesión con dos amigos de Cangas del servicio de bares para las carreras de pop cross de Citroën. Íbamos por toda España y había que montar grandes toldos con las neveras de refrescos y bocadillos. Estuvimos en Oviedo, Granada, Barcelona, Valencia, por todo el país. Lo que me ocurrió después fue una casualidad completa. Ramón Akal me dio un libro, La mediación social”, el primero de Manuel Martín Serrano, a quien yo conocía por haber sido compañero de colegio de mi primo José Manuel Álvarez Flórez. Hice la corrección del libro y con tal motivo me encontré con Martín Serrano. Ese año él había sacado la oposición de agregado en la Facultad de Ciencias de la Información. “¿Quieres venir de profesor?”, me preguntó. Encantado”. Tuve que hacer el examen de grado y empezar a pensar en la tesis doctoral. Estuve 10 años en Ciencias de la Información, de 1977 a 1986, como profesor de Teoría de la Comunicación. Al comenzar en la Universidad hice un curso de semiótica en Italia y empecé a leer ciertas materias de una manera más sistemática. Hice la tesis sobre Comunicación y sociabilidad en Rousseau”. Como yo era licenciado en Derecho tuve que buscar una tesis que tuviese que ver con la sociología de la comunicación y, al mismo tiempo, leerla en la Facultad de Derecho. Lo hice en 1985 y a continuación saqué la plaza en Bellas Artes y elaboré el programa de Sociología de la Cultura».


Revista y novela

«Por el medio fundamos una revista de literatura, Estaciones”, que financiaba un amigo mío, Carlos Benítez. La hacíamos con dos escritores argentinos, Héctor Tizón y Santiago Sylvester, maravillosos escritores a los que yo había conocido en 1973, cuando Milagros y yo hicimos un viaje a Argentina. Conocimos a muchos escritores y me echó una mano Marcos Ricardo Barnatán, amigo ya en Madrid, que me proporcionó direcciones. Estuvimos viajando de ciudad en ciudad, de escritor en escritor, de poeta en poeta. Muchos de esos escritores se tuvieron que venir a España cuando comienza la dictadura en Argentina, y con ellos ya en Madrid es cuando nace Estaciones”. La Universidad significó para mí un paréntesis de seis o siete años sin escribir literatura, dedicado a la tesis o a los artículos y publicaciones académicas. Pero después escribí “Jugadores de billar” que es por así decirlo un cierre de lo que había comenzado con Beti García, que comienza a finales del siglo XIX con un emigrante que retorna de Argentina y termina con la Revolución de Asturias y la Guerra Civil. El presente de Jugadores de billar” transcurre en los años 90 en Oviedo, con unos personajes que también sufren las consecuencias de esa Guerra Civil. Me gustan las novelas de personajes, pero yo creo que en ésta el protagonista central es la ciudad de Oviedo, el estilo de vida de la ciudad, las distintas clases sociales, que están todas entremezcladas y van apareciendo con sus personajes. Además del premio Villa de Madrid” de 2002, la novela gano el Premio de la Crítica de Asturias, que agradecí especialmente».


Contradicciones culturales

«Respecto a la labor de investigación académica, en Bellas Artes vi que los estudiantes tenían que proyectar una mirada sobre los valores, los argumentos, que hay detrás de la cultura. Por eso orienté la materia hacia el análisis cultural: ¿por qué hay épocas culturales? ¿Qué es una actitud ilustrada frente a la cultura popular, frente a la superstición? ¿Qué es una creencia? Realizamos una investigación en la que sirvió de base mi experiencia de Guinea, sobre el lenguaje político. La lengua política en Guinea es el español, ya que con las lenguas autóctonas no se entienden entre ellos. Ahora bien, el problema es cómo funcionan las categorías políticas (Estado, democracia, libertad, etcétera) de una lengua moderna y desarrollada, como el español, al ser traducidas desde unos esquemas lingüísticos de pensamiento autóctono que carecen por completo de esos términos. Por ejemplo no tienen la palabra libertad, sólo hombre libre”. Tomamos los discursos políticos generados en el país desde antes de la independencia y descubrimos que a los pobres guineanos se les había caído el Estado encima, un Estado que para ellos eran coches, edificios, pero no instituciones en el sentido de cómo funciona un Estado moderno y un sistema de leyes. Y el problema cultural en África en general es que el valor superior de un africano es la solidaridad tribal, la solidaridad clánica: eres algo en tanto que perteneces a un clan, a una familia o a una tribu. Si tú eres ministro, ¿cómo no nombrar a un hermanito funcionario del Ministerio? ¿Qué significa la palabra corrupción? De este tipo de contradicciones procede una enorme cantidad de conflictos en África».




Crueldad y bondad


«En septiembre de 2010 me acogí a la posibilidad de la jubilación a los 65 en la Complutense y a continuar como profesor emérito hasta los 70. Tras entrar de profesor en la Universidad casi por casualidad, descubrí que la docencia me resultaba una actividad apasionante, pues básicamente consiste en investigar sobre la realidad social y cultural, leer y reunir información de forma sistemática y transmitirla luego a los estudiantes bajo un orden que facilite su entendimiento, es decir, consistía en leer y narrar, cosas que he hecho durante toda mi vida de forma espontánea. Así, en los años ochenta y noventa participé en la fundación, como profesor, del Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid, cuya área teórica diseñé junto a los arquitectos y profesores Javier Seguí y Juanjo Torrenova. También, más tarde, fui profesor en la Universidad de Nueva York en Madrid, donde sustituí a José Hierro cuando se jubiló, impartiendo cursos sobre cultura española y literatura. Mi vida universitaria ha sido bastante apacible y muy gratificante. Durante los últimos 20 años participo activamente en una tertulia de buenos amigos en la que nos reunimos para leer a los clásicos y comentarlos: Homero, Cervantes, Montaigne, Dante, Heródoto, un autor cada año; ahora estamos leyendo a Plutarco, y resulta fascinante comprobar cómo a los antiguos les preocupaban básicamente los mismos problemas que a nosotros y con qué prudencia y sabiduría los abordaron. Pero también tenían vicios y pasiones: como ahora, la crueldad y la bondad siguen en combate en la vida de los hombres y de las sociedades casi de la misma forma. A menudo suelo recordar lo que tantas veces le oí decir a Rompelosas, de las Escolinas, en mi juventud canguesa. Cuando alguien le reprochaba lo que bebía, Rompelosas solía contestar: Todos los pajarinos comen trigo y sólo pagan los gorriones”. Describe bastante bien lo que nos pasa. Pero nunca llovió que no escampara».


Por Javier Morán

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