jueves, 17 de junio de 2021

Middlesex - Comentario




 

Caliope

 

La diosa Genética o el Olimpo actualizado

Por Gloria Benito 

 

Dicen los entendidos que, si el comienzo de un relato es impactante, éste nos atrapa desde las primeras líneas. Es lo que podría decirse de Middlesex, una novela que, en la primera página revela sin disimulo la clave argumental de la historia: el conflicto de Callíope/Cal, mujer hasta una edad y hombre después. El hermafroditismo conduce esta novela-río en la que se articulan con gran talento narrativo la Historia con mayúsculas de la migración griega a los Estados Unidos, desde comienzos del siglo XX hasta el año 2000, con la biografía ficticia de la/él protagonista acarreando su equipaje emocional, familiar y social, su interior y  su circunstancial contexto.

 Siguiendo la pauta de algunos grandes directores de cine como Hitchcock y Bergman, el autor dedica su primer capítulo a mostrar sin disimulo su proyecto narrativo. En Fanny y Alexander, la cámara sigue al protagonista cuya mirada va revelando los espacios y personajes donde se iniciará la historia. Ese gran plano secuencia es un anticipo en miniatura de la película. También en nuestro libro, los primeros  párrafos trazan el mapa estructural y temático de la novela. Nos hablan del argumento (la vida de Callíope/Cal), de los antecedentes de su conflicto de identidad sexual(el origen del gen maldito con su deficiencia de la enzima 5-alfa reductasa), y de su itinerario geográfico (de Esmirna a Detroit):

Háblame de cómo prosperó dos siglos y medio atrás en la falda del Monte Olimpo, mientras las cabras balaban y las aceitunas caían al suelo. Háblame de cómo se transmitió a lo largo de nueve generaciones, invisible y agazapado en el contaminado seno de la familia Stephanides. Y háblame de cómo la Providencia, amparándose en una matanza, aventó de nuevo el gen; háblame de cómo lo lanzó cual semilla al otro lado del océano hasta América, donde, empujado por el viento, atravesó nuestras lluvias industriales hasta caer en el terreno fértil del vientre de mi madre, en plena región central del país.”

Esta cita, que evoca el tono de los aedos cantores de la épica clásica, cuya musa era Calíope, reproduce el esquema narrativo del relato, que va a comenzar en las cercanías de Esmirna y acabar en la actual Europa, pasando por la  automovilística y contaminada Detroit, donde la comunidad griega se instala y progresa combinando tradición y modernidad, germen del imaginario costumbrista que tanto ha transitado por el cine y la literatura.

Esta información sobre el argumento de la novela es uno de los muchos indicios y pistas que guían al lector atento hacia su rol de intérprete del sentido global del libro. La  explicación del recurso narrativo conocido como la “escopeta de Chejov” se completa con la reflexión sobre la mentira como  arte de imaginar historias. Así lo hacen los  primeros migrantes, Desdémona y Lefty, que se inventaban recuerdos, improvisaban un futuro, pero no era a los viajeros a quienes intentaban engañar, sino a sí mismos. Más adelante Calíope confesará que las falsedades que escribió para contentar a su terapeuta estimularon su vocación como escritora. Todo ello forma parte de un discurso metaliterario que se dispersa e imbrica en la narración de una forma fluida y amena enriqueciendo el relato y evidenciando la presencia del narrador en  una historia cuyo control y dominio ejerce con sutil elegancia:

“Narrar mi historia no es el valeroso acto de liberación que esperaba. Escribir es un acto solitario, furtivo y yo conozco muy bien ese asunto…  Noto que estás ahí, querido lector. Esa es la única clase de intimidad con la que me siento cómodo. Solos nosotros dos, aquí, en la penumbra.

El arte del escritor para concertar una narración compleja, la saga de la familia Stephanides, con numerosos comentarios, paréntesis y reflexiones es posible gracias a la potencia de una voz narradora absolutamente omnisciente y escindida en las dos actitudes correspondientes a la doble naturaleza del personaje: Cal, con la perspectiva y distancia del  adulto que evoca su vida desde un presente complicado pero no angustioso, y  Callie, la adolescente que toma conciencia de sus atributos masculinos mediante la experiencia vital y dolorosa del descubrimiento del erotismo y el sexo:

Aquí es donde mi historia se divide, se escinde, sufre una meiosis […] Ahora que he entrado en mi historia es cuando más necesito (de las palabras). Ya no me puedo quedar sentado a ver qué pasa [] perdiendo ya retazos de mi omnisciencia inicial.

Como voz narradora, Cal/Callie  hereda  los atributos del mítico Tiresias pues además de ser hombre y mujer como él/ella, poseía el don oracular de la adivinación y la predicción del futuro. La novela cuenta el proceso psicológico de Callie dentro de un contexto histórico y social muy extenso que incluye las tradiciones y costumbres rurales griegas y sigue con la evolución de la sociedad americana hasta los años 70. El conocimiento de los detalles más escondidos y las anticipaciones, enigmas e indicios que salpican el relato muestran la correspondencia entre el personaje de ficción y el mito. Tiresias se encarna en Cal/Callie con la ambigüedad sexual que se proyecta en el onírico parto de Desdémona y su premonitoria visión de su hijo-monstruo. La  doble vida de Callíope discurre entre dos mundos, pues es un híbrido de lo divino y humano (“Iridiscente Helena. Olimpo Pálido. Fuego griego”). Su doble voz participa del poder de los dioses como creadora de artísticas ficciones e intermediaria entre aquellos y los humanos lectores. Él/Ella se identifica con el mito délfico y, tras la ceremonia del sexo iniciático, pierde el control a merced de los vapores alucinatorios del alcohol  y el porro. Como el oráculo de Delfos, Caliope era una adolescente virgen: “sentada frente a una gruta, el ónfalos, el ombligo de la tierra, inhalando vapores sulfúreos…la joven pitonisa predecía el futuro.”

La mitología tiene su espacio y función en el relato. En general, los mitos pierden solidez al  cruzar el Atlántico  y apenas conservan su esencia en el nuevo mundo industrial y financiero. Aparecen trivializados o parodiados como parte de la narración: la semejanza entre La Victoria alada  y Desdémona con el corsé de su ajuar iluminado por la luna; la mención a Teseo, Asterio y el león de Nimea en las películas italianas que Callie veía con su padre; la leyenda de Hermafrodito y Salmacis en el espectáculo erótico del Jardín de Neptuno; la sarcástica descripción del pelo cardado de la prima lesbiana secreta, Surmelina Zizmo, vestida como una corista jubilada de Las Vegas: “Pelo que volvería de piedra a la Medusa, pelo más infestado de ofidios que los pozos de serpientes en las películas sobre minotauros”.

Más solventes son las alusiones al Minotauro y a su laberinto como símbolo de las obsesiones de los personajes y de la confusión que generan en Callie:

No hay razón para mencionar mis peculiaridades, mis vagabundeos por el laberinto durante todos estos años, ocultándome de todo. Del amor también.”

Eros y Tánatos afloran en boca de Desdémona, la extravagante abuela de Calíope, relacionados con el azaroso Destino —tema nuclear del relato— que se interpone en las vidas humanas y trunca sus perspectivas:

En mi familia las viandas funerarias han abastecido la mesa nupcial […] En Seminóle, las celebraciones del nacimiento se empañaron con las perspectivas de la muerte”.

Azar y fatum que, en el tiempo de la historia, se erigen con el nuevo rostro de una nueva y poderosa diosa y señora del Olimpo: la Genética. En Middlesex, ella es la que decide el destino de los hombres y la singularidad de Callie. La maldita y rebelde enzima  emprende un viaje desde la antigüedad clásica a los tiempos actuales para poner su vida patas arriba gracias al caprichoso azar de la ciencia. Una ciencia con un comportamiento tan misterioso, arbitrario e inconstante como el de la voluble Hera olímpica. El conocimiento de los procesos científicos no asegura su control, pues, como afirma Cal, el foco de la infección está en Bitinio, la aldea originaria, y lo que las personas olvidan lo recuerdan las células, el cuerpo, ese elefante.

Esta novela relata el proceso de transformación de unos personajes intensos y profundos que evolucionan dentro de una sociedad capitalista en construcción con sus luces y sus sombras. Calíope es el centro de un argumento donde el descubrimiento de la identidad sexual convoca un extenso acervo de personajes secundarios que conforman el mosaico coral de la sociedad americana. La adaptación de los nuevos ciudadanos llegados de la cuna de Europa es distinta  para hombres y mujeres. Mientras ellos ponen de relieve  un espíritu pragmático más o menos emprendedor, ellas son las portadoras de ancestrales y universales voces que conservan las tradiciones y creencias propias de una concepción del mundo alimentada por supersticiones y viejas creencias. Son las depositarias y transmisoras de la culpa como si su original pecado fuera la causa de los males que les acechan, emergen y cristalizan en el conflicto de Callie, el espacio psicológico donde pasado y presente se complementan y superponen sin cortes ni interferencias en el relato. Hemos de reconocer que la articulación de esta dualidad temporal es uno de los aciertos de la novela y sin duda expresión del genio creador  de Jeffrey Eugenides.  La narración fluye con naturalidad al desarrollar un argumento donde las transiciones entre el pasado y el presente se producen casi sin notarse.

Las Las múltiples capas  que interactúan en la historia dotan a estanovela de una interesante complejidad que pone a prueba el espíritu indagatorio de un lector-intérprete. Creencia y ciencia, fe y razón, superstición y conocimiento se cruzan y entrecruzan, se atan y anudan, en un tejido argumental ameno y profundo donde los símbolos, comparaciones y metáforas aportan claridad y humor al conjunto de referentes que conforman el significado global de la novela. La doble voz narradora es la depositaria de un mensaje universal generado a través del tiempo, como evidencia la relación de Desdémona con la seda, esa trama suave formada por numerosas hebras, en esta cita con connotaciones metaliterarias:

 Como ella, desenredo mi historia, y cuanto más largo sea el hilo, menos queda por contar. Recorriendo el filamento al revés nos encontraremos con que el capullo comienza en un nudo diminuto, en un primer intento de enredo. Y eso se puede extrapolar hacia atrás en el tiempo, de modo que, cuando yo hablo, Desdémona hable también. Ella es quien escribe ahora estas palabras.”

O la continuidad  azarosa de los hilos que hilvanan las frágiles vidas humanas como la de Callie:

Es una historia genética. Yo soy la última cláusula de una oración periódica, cuya primera frase se escribió hace mucho tiempo en otra lengua, y hay que leerla desde el principio para llegar al final, que es mi nacimiento”

El deseo erótico es una constante en este relato irónico y reflexivo. El lorquiano viento que acaricia el rosario y el ajuar de Desdémona da lugar a una oración cuyas cuentas evocan imágenes de ropa interior de Lingérie parisien. El humor se extiende por la narración adoptando formas descriptivas llenas de expresividad como el retrato figurado de Olivia, el primer amor de Callie: aquel reventón encarnado entrando por la puerta” “Mirarla era como el otoño […] Una membrana nictitante velaba sus ojos”

O las sensaciones del primer orgasmo:” Mi sistema nervioso acometió “El Vuelo del Moscardón”. La sección de cuerdas me serraba la espina dorsal…catatonia por fuera, frenesí por dentro. Caliope sentía que le brotaba algo…un croco rosado surgiendo entre musgo oscuro y fresco.

En suma, un relato imposible de analizar en su inmensidad formal por la proliferación de recursos que demuestran un magistral dominio del lenguaje. Desde los retratos deliciosamente sintéticos como el de Jimmy Zizmo (“abstemio, se ganaba la vida comprando alcohol”) al tremendismo poético del incendio que consume a la familia del doctor Philobosian. Desde la modernidad del lenguaje cinematográfico al clasicismo de los contundentes finales que cierran los capítulos de una narración en paralelo que no cae en la  tosca fragmentación de los best-seller. Un conjunto de riquísimos y inspiradores estilos que hacen que la lectura de este libro sea puro gozo, un placer en fondo y forma.

 

Y como colofón, mucha Historia con mayúsculas: la guerra turco-griega y el terrible incendio de Esmirna con el hipócrita comportamiento de las potencias europeas; Los comienzos de la Ford y la mecanización del trabajo que trajo el capitalismo salvaje (la gente dejó de ser humana en 1913); la crisis del 29 y el contrabando de alcohol propiciado por la Ley seca; Los disturbios negros de Detroit que  acreditaron el racismo existente; la segregación racial de los 70 y la guerra del Vietnam; la invasión de los turcos en Chipre en 1974 cerrando  circularmente esta historia ya que “llegaron ocultos en una nube como Paris y Eneas”. Y se armó la de Troya para Calíope de la mano de la fatídica Genética.

Y mucho, mucho más que dejamos para el lector curioso por descubrir la vida palpitante entre las líneas del libro.



martes, 11 de mayo de 2021

Middlesex - Comentario


 


“MIDDLESEX” de Jeffrey Eugenides

Por José Luis Vicent Marin.

 

“Nací dos veces” son las primera palabras del libro. Y es que en esta obra todo es dual. Middlesex es su título. Si traducimos literalmente la división en dos de esta palabra, obtenemos como resultado “medio sexo”. Pero Middlesex también es el lugar donde se desarrolla una parte importante del libro, el lugar donde crece Calíope Helen Stephanides como niña para nacer de nuevo como niño a los catorce años en la sala de urgencias de un hospital, de manera que pasó de llamarse Callie a llamarse Cal. Un hermafrodita o intersexual abocado a ello por una consanguinidad oculta y en quien se libra la batalla por la prevalencia entre la genética y la educación. A poco de comenzar la obra, dice “Es una historia genética. Yo soy la última cláusula de una oración periódica cuya primera frase se escribió hace mucho tiempo, en otra lengua, y hay que leerla desde el principio para llegar al final, que es mi nacimiento.”
Por eso la vida de Calíope no puede entenderse sin la de sus antepasados. Eugenides tiene la virtud de regalarnos muchas páginas dedicadas exclusivamente a los abuelos griegos Desdémona y Lefty desde su lugar de origen  en la pequeña localidad de Bitnio en el monte Ulu Dag (Montaña grande o Montaña de los Monjes) cerca de Bursa en Turquía, hasta su emigración a EEUU iniciada en la saqueada Esmirna en medio del conflicto territorial entre griegos y turcos. Desdémona, presente de principio a fin de la novela (excepto en algún momento intencionado según palabras del propio narrador), nunca quiso revelar el secreto de haber contraído nupcias con su propio hermano. En una población tan pequeña, su madre Eufrosine sometió a Lefty al escrutinio de tan solo dos jóvenes, pero este no eligió ninguna y poco a poco se dio cuenta de que solo tenía ojos para su hermana. A la tragedia de partir entre incendios, disparos, sables y violaciones se les une más tarde la comedia que urden en el barco donde simulan ser desconocidos que comienzan su enamoramiento y noviazgo en cubierta para llegar a tierras americanas como joven matrimonio. Allí les esperan Surmelina, prima de Desdémona y su marido Jimmy Zizmo, un contrabandista de alcohol que más tarde se reinventará en una especie de profeta musulmán. Las dos parejas compartirán casa o al menos vivirán muy próximas durante algún tiempo, de manera que sus respectivos hijos son criados en indudable cercanía.  Lefty se va abriendo paso, primero en una fábrica de automóviles en Detroit y después en una pequeña taberna medio clandestina denominada “Salón Cebra”, mientras su esposa Desdémona en medio de la crisis económica del 29, enseña la técnica de fabricar seda desde la cría de los propios gusanos (la caja de madera que trajo desde Bitnio no la abandonará nunca) aunque se evidencia que en una tierra como américa, el gusano impuro no podrá prosperar. Una forma de vida que nada tiene que ver con sus orígenes y a la que tendrán que adaptarse. Desdémona, casi el alma mater de la obra, hacía predicciones con una cuchara sobre el sexo de quien iba a nacer. No se equivocó en veintitrés de ellas por el procedimiento de la cuchara, hasta que su nieta Calíope rompió su pronóstico que había vaticinado como chico. Su hijo Milton, más predispuesto a los métodos científicos derivados de su amigo quiropráctico Peter Tatakis, buscó el momento justo para engendrar lo que deseaban él y Tessie, hija de Surmelina y por tanto prima segunda o tercera del propio Milton. Y lo que deseaban era una chica, puesto que ya tenían a Capítulo Once, un niño de entonces casi seis años. El doctor Philobosian que había compartido viaje desde Esmirna tras perder a toda su familia, corroboró sin fijarse demasiado bien, que la recién nacida era una niña. A Desdémona siempre le invadió el temor y el sentimiento de culpa por lo que hizo con su hermano. Culpa que pagó Lefty primero cuando en un mal presagio, pierde el habla el día que nació Calíope y después la memoria cuando presenció a su nieta jugueteando sospechosamente en la bañera con su amiga Clementine. Cuando Lefty falleció, Desdémona decidió encerrarse en su habitación y no levantarse más que una vez por semana para asearse. En un brote de lucidez en su senil ancianidad, en el final de la obra, Desdémona, un tanto perpleja ante la presencia de su nieta ahora varón, le revelará que ella y Lefty no solo eran primos segundos sino hermanos para concluir cariñosamente con “mi cuchara tenía razón”.
Esta dualidad se nos presenta claramente cuando Milton, convertido en un próspero empresario poseedor de cientos de puestos de salchichas, cuyo éxito fue debido en parte al ingenio de Capítulo Once, necesita la ayuda de su esposa Tessie para colocarse los “gemelos de la suerte” en la bocamanga de la camisa cuando van a acudir al veredicto del Doctor Luce (nombre real de quien fue una eminencia –con sumo interés propio- en el campo del hermafroditismo) acerca del problema de Calíope. Tragedia en una manga, comedia en la otra. Milton se había ganado a Tessie soplando el clarinete en sus rodillas, desbancando a todas las pretendientes que su madre le puso delante repitiendo la escena que protagonizara su abuela allá en Bitnio  y de paso apartando al padre Mike que finalmente se casó con Zoe, hermana de Milton. Este matrimonio envidiará la posición social que alcanzan Milton y Tessie provocando un trágico desenlace en el primero, cuyo último pensamiento tras darse cuenta de sus irracionales impulsos, es haber sido un “cabeza de chorlito”. Tragedia griega y comedia americana.
Calíope ha sido educada como niña pero cercana a alcanzar la pubertad emergen instintos sexuales que le cuesta descifrar. Por vergüenza, oculta que la menstruación no le llega hasta que en una clase de poesía descubre a una pelirroja a la que denominará “Oscuro Objeto” por la que se siente atraída. Unos días de verano en casa de sus padres compartiendo dormitorio, en los que también descubre el sexo masculino por medio de Jerome, hermano de “Objeto”, empiezan a desestabilizar su mente por esa doble condición que sabe bien hacia qué lado se inclina: al opuesto del que ha sido hasta ahora. Jerome las descubre manoseándose en el columpio y la tira de casa. En su huida atolondrada bajo los insultos de aquel es atropellada por un tractor. Esta casualidad hace que en la revisión de urgencias del hospital salte la alarma. Será entonces cuando Milton y Tessie, vagamente informados, buscarán la solución lejos de allí, en Nueva York. Pero aquel famoso día de los “gemelos de la suerte”, Calíope aprovecha un descuido del doctor Luce que va a informar a sus padres tanto del diagnóstico como de las conclusiones, para leer su expediente. Un expediente que ofrece una solución que no comparte, de manera que esa misma noche huye del hotel en el que estaban instalados ya convencido de llamarse Cal y no Callie, tomando un fajo de billetes de su padre que le permite sobrevivir una temporada hasta llegar a San Francisco, convertida en la capital Gay en esa década de los setenta en que todo el mundo se apuntaba a lo unisex. Unos desgraciados acontecimientos en un asentamiento del parque donde pasaba las noches, le deja prácticamente sin dinero y sin ánimo.  Merced a la “ayuda” interesada de Bob Presto con el que viajó haciendo auto stop y que vio en Cal un buen potencial económico, entra en el “Sixty- Niners” con su “Jardín de Neptuno”, donde se exhibe como “el dios hermafrodito” junto a otras atracciones como la sirena Zora, una belleza con una pobre opinión de los hombres, que le ayudó mucho emocionalmente y que pretende escribir “el hermafrodita sagrado” un libro sobre la identidad sexual que posteriormente Cal nunca encontró. Tras una redada policial, Cal termina en la cárcel y no le queda más remedio que recurrir a su familia. El teléfono lo descuelga Capítulo Once y nos encontramos con una nueva dualidad: a la buena noticia del regreso a casa, se le une la trágica en boca de su hermano “papá ha muerto”.
  Por cierto, nada está escrito al azar en una novela en que el azar o destino sí juega un papel primordial. Por tanto, todos los nombres poseen un significado en la mitología griega que no me creo en condiciones de razonar y que seguro están directamente relacionados con los personajes asignados. Pero este extraño nombre parece que se debe a la ruinosa gestión que hizo del negocio de su padre ya que es en ese capítulo donde se recoge la normativa en la ley de quiebras. Cal asegura que su padre falleció en el momento oportuno, ya que tal vez no hubiera digerido bien la vuelta a casa de su hija como hijo.
El doctor Luce había afirmado que todo niño es una pizarra en blanco sobre la que se escribe en base a la educación pero Cal que en sus interrogatorios le había mentido por el lógico miedo adolescente, rechazó su teoría y sobre todo su solución, porque le privaba de algo tan importante como el deseo. Desde la perspectiva de adulto dice no encajar ni en la teoría de la bilogía evolutiva ni en la de Luce asegurando que fue eso, el deseo, lo que le hizo cruzar al otro lado, “el deseo y la realidad de mi cuerpo”.
Continuando con las dualidades. También la narración lo es. Cal lo hace en primera y en tercera persona según le conviene. En la vida que no es suya, es decir la de sus abuelos o la de sus padres, se convierte en un narrador omnisciente en tercera persona deleitándonos con detalles que sirven y mucho para entender toda la obra, haciendo como si lo que vieron y sintieron aquellos, le hubiese sido comunicado por ese cordón umbilical que les une generación tras generación. Y ya saliendo del vientre de su madre en una visión imposible del parto y en todo lo que se refiere a sí misma/mismo no abandona la primera persona salvo en las ocasiones en que necesita distanciarse de su posición narrativa respecto a su posición como personaje. Un distanciamiento quizá equivalente a la confusión que va manifestándose en su cuerpo inicialmente de mujer cuando empieza a ser consciente de si identidad de hombre.  
Dicho está que la mayor parte de esta inmensa obra está construida desde su pasado. Y lo hace sin dejarse nada, recreándose en las descripciones (en la partida de Esmirna parece que seamos nosotros quienes buscamos un lugar en el barco, la casa de Middlesex parece que la estemos comprando nosotros) y en los hechos (la cadena de fabricación de automóviles en Detroit, el incendio del barrio y del Salón Cebra, el accidente de Milton, etcétera). Además, posee la habilidad de hacernos penetrar en los personajes sin que el narrador apenas lo intente a base de adjetivos innecesarios. Contando lo que hacen, sabemos cómo son y lo que sienten. Desdémona y su abanico espanta-males son un claro ejemplo, y la propia evolución de Calíope la sentimos en nuestro interior seamos de uno u otro sexo. Pero otra parte (pequeña) de la narración (siempre al principio de los capítulos), está dedicada a un presente que avanza lentamente, como ese hombre de cuarenta y un años funcionario del ministerio de asuntos exteriores en Berlín y tal vez dispuesto a compartir su vida con Julie Kikuchi, la chica oriental que conoció llevando una bicicleta, que abandonó antes de que descubriera su secreto y recuperó cuando tras un encuentro fortuito le revela toda su verdad, porque tal como descubrió finalmente su familia y contrariamente a la opinión popular, la identidad sexual no es tan importante: “mi cambio de chica a chico era menos dramático que la distancia que todo el mundo recorre de la infancia a la edad adulta” Sin embargo, aunque el objetivo fuera mostrarnos exclusivamente la complejidad precisamente de eso, de la identidad sexual como una lección contra la intolerancia y una gran muestra por el respeto a lo diferente, nos ha ofrecido un gran mapa de los lugares, tiempos, costumbres y sociedades (también diferentes) por las que han circulado sus personajes tratando de abrirse paso y concediendo a la tradición griega unos valores que en la americana no existen.
Si Callie/Cal ha vivido dos vidas creo que al menos yo, necesitaría leer este libro dos veces, y aun así seguiría quedándome corto, muy corto, en mis comentarios.
 
 

 
 

lunes, 10 de mayo de 2021

Middlesex - Presentación

 

 

 Eugenides, Jeffrey (2019). Middelsex. Anagrama.Barcelona. Ed. Colección Compactos. 676 p.
 

Escribe: A. Rey


La biología nos da un cerebro.
La vida lo convierte en intelecto

Narrador, p. 610


Middlesex, publicada originalmente en 2002 por Jeffrey Eugenides es una epopeya griega moderna que se extiende por dos continentes y tres generaciones. Cal (Calliope Helen Stephanides), el protagonista es una persona intersexual nacida en 1960 de una familia grecoamericana que vive en un rico suburbio de Detroit. Gracias aun gen recesivo transmitido por su familia endogámica, Cal sufre el síndrome de deficiencia de la 5-alfa-reductasa, una afección que suprime las hormonas masculinas en el útero, pero no en la pubertad. Cal para intentar entenderse mejor a sí mismo cuenta la historia de su familia mientras emigran, se asimilan y, finalmente, se enfrentan a la mutación genética que significa que el bebé Calliope se convierte en un Cal adulto.
Sin embargo, la novela va más allá de la vida del protagonista y cuenta la historia de toda la familia: del peregrinar de los abuelos de Cal, Lefty y Desdémona, del ejercito turco a los Estados Unidos; al cortejo de sus padres, Milton y Tessie, durante la segunda guerra mundial; a la propia infancia de Cal que creció en Detroit en los años sesenta y setenta (como en mismo Eugenides). Pero además Middlesex se ancla a muchas ideas y eventos históricos como la Guerra de los Balcanes, la Nación del Islam o los disturbios raciales en el mismo Detroit. El viaje al pasado de Cal además refleja el sueño americano, de inmigrantes que se trasladan a los EEUU en busca de oportunidades y libertad, aunque por el camino se encuentran con el racismo, la pobreza y la riqueza, la rebelión o la tragedia.
La obra tiene la estructura propia de una novela-rio y como suele suceder en este tipo de narraciones prolongadas a través de décadas el solo hecho de contemplar la evolución de los personajes y sus vicisitudes, hace ya que el interés se mantenga hasta el final. Está escrita con un estilo muy eficaz al combinar con bastante perfección profundidad y, a la vez, facilidad de lectura. Esta novela, que bien pudiéramos denominar como odisea homérica, está dividida en cuatro partes, libros 1-2-3-4 según la acertada elección de su autor, a su vez subdivididos en capítulos de una veintena-treintena de páginas aproximadamente que ejercen como intervalos o microcortes funcionales perfectamente pensados para el desarrollo a buen ritmo de su lectura; y transcurre a lo largo de los ochenta años que abarca la historia de esta peculiar familia desde 1922 hasta los albores de nuestro siglo XXI.
A lo largo del texto se abordan temas relativos al renacimiento, la crisis de identidad, el género, el libre albedrío o el destino, con continuas incursiones a la cultura griega y a los mitos clásicos. Cal lleva el nombre de Calliope, la musa de la poesía épica. Estudia los clásicos griegos y lee La metamorfosis de Ovidio, poema épico cuyo tema central es la transformación. Cal actúa como Hermafrodito, el hermoso hijo de Hermes y Afrodita. Y se compara tanto con el minotauro, un personaje que es en parte hombre y en parte toro, como con el vidente ciego Tiresias, que también experimenta la vida como hombre y como mujer.
Middlesex está escrito con una voz híbrida. Cambia de primera a tercera persona y viceversa. El narrador, Cal Stephanides, es omnisciente tanto en primera como en tercera persona. Sin embargo, Cal admite que su narración puede ser poco confiable: "Por supuesto, un narrador en mi posición (prefetal en el útero materno) no puede estar completamente seguro de nada de esto». Respecto al tiempo Middlesex se mueve entre el presente, cuando el narrador cuenta su vida ahora, y el pasado, cuando cuenta las historias de tres generaciones de su familia. En relación con el título Middlesex, llamada así por la calle de la infancia de Jeffrey Eugenides, es el nombre de la calle en la que Cal crece en Grosse Pointe, Michigan. Middlesex también es una referencia al diagnóstico de Cal de deficiencia de 5-alfa reductasa, una mutación genética que lo hace intersexual, ni niña ni niño, sino en algún punto intermedio. Eugenides ha dicho que el nombre también rinde homenaje a Middlemarch de George Eliot, uno de sus libros favoritos.

Jeffrey Eugenides | Biografía


Jeffrey Eugenides nació el 8 de marzo de 1960 en Detroit, Michigan. Al igual que su personaje principal, Cal, su familia se mudó a Grosse Pointe, Michigan, en 1967, después de que los disturbios en Detroit, causados por las tensiones entre la policía y los civiles en un barrio afroamericano del centro de la ciudad. Su abuelo era dueño de un bar llamado The Zebra Room en Detroit; en Middlesex, Eugenides nombró el bar Stephanides en homenaje a su abuelo. Como sus personajes, tiene un apellido griego (su padre era griego americano) y sus antepasados provienen de Asia Menor. Para crear un personaje tan alejado de su propia realidad, Eugenides le dio elementos autobiográficos a Cal, proporcionándole la base para desarrollar el resto del personaje.
Como Cal, Eugenides creció en una familia de clase media alta. Su padre, Jeffrey Eugenides, era un hombre de negocios que se volvió cada vez más exitoso, impulsando a su familia desde sus raíces de clase trabajadora a la opulencia. La madre de Eugenides era de ascendencia irlandesa y creció muy pobre en Kentucky. Sus padres eran lectores y Eugenides creció en una casa llena de libros, y ya en la escuela secundaria decidió convertirse en escritor y considera que la Metamorfosis de Ovidio, una de sus primeras lecturas, fue la que cimentó su deseo.
Se graduó de la Universidad de Brown, donde se especializó en inglés. De ahí pasó a estudiar escritura creativa en la Universidad de Stanford y en la actualidad enseña escritura creativa en la Universidad de Princeton.
Eugenides publicó su primer libro, Las vírgenes suicidas, en 1993, que se convirtió en película en 1999 dirigida por Sofia Coppola. Middlesex se publicó en 2002 y ganó el premio Pulitzer de ficción de 2003. Tuvo buenas críticas aunque las ventas y la popularidad del libro se vieron impulsadas por su inclusión en Oprah's Book Club en 2007. Vivió con su familia en Berlín entre 1997 y 2004 y está casado con la artista Karen Yamauchi. Es muy reacio a las apariciones públicas o a divulgar detalles de su vida privada.
Es autor de aclamadas novelas, todas ellas publicadas por Anagrama (https://www.anagrama-ed.es/autor/eugenides-jeffrey-350): Las vírgenes suicidas (1993), Middlesex (2002), que obtuvo el Pulitzer 2003 y es considerada una de las mejores novelas de las últimas décadas, La trama nupcial (2011) y Denuncia inmediata (2017), una recopilación de relatos. 

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lunes, 26 de abril de 2021

IRENE VALLEJO

Palabras de Irene Vallejo en el Pregó de la Lectura de Sant Jordi 2021 en Barcelonael pasado día 22 de abril.




DISCURSO DE IRENE VALLEJO

 Discurso de la autora de "El infinito en un junco" para celebrar tres cosas simultáneas: el día del libro, la fiesta de Aragón y su premio.

 



TERTULIA CLUB DE LECTURA

Reunión del Club de Lectura día 21 de abril 2021.

 

Comentamos la novela de Mariana Enriquez “Nuestra parte de noche”

 



jueves, 22 de abril de 2021

Nuestra parte de noche - Comentario

 Nuestra parte de noche, reescritura del género de terror

Escribe: Gloria Benito

 

Con su última novela, Mariana Enríquez  desciende a los abismos oscuros del terror para articular un relato complejo, con tantas capas culturales y literarias como temas universales plantea y sugiere. La aprensión de algunos lectores ante un género  trivializado por el cine y el cómic “gore” y su uso del sufrimiento y la sangre como entretenimiento, puede llevarles a rechazar un libro que va más allá de la intención de  provocar  espanto, desazón o repugnancia. La autora se vale de un argumento terrorífico donde un padre (Juan Petersen), que es médium  de una siniestra secta llamada La Orden, se empeña en proteger a su hijo (Gaspar) para que no siga sus pasos y salvarlo de un destino supuestamente inevitable. Las vidas de estos dos personajes  son el hilo conductor de la novela, integrando su evolución vital en el contexto sociopolítico de Argentina desde 1976 a 1997, veintiún años en que el país vivió dos sanguinarias dictaduras con un ingente número de desaparecidos aún vivos en la memoria colectiva.

Pese a que la autora suele negar que su intención haya sido que la Orden  se entienda como metáfora del Poder, la connivencia entre los más ricos e influyentes y los militares aparece en la novela sin ambigüedad alguna,   denunciando la conducta criminal de ambos. Más equívoca y sugerente es la relación simbólica entre el deseo de inmortalidad de los sectarios y su permanencia y pervivencia en el poder, como clase que manipula y esclaviza arbitrariamente a los más pobres. La denuncia política se entrevera en el tejido de la novela mediante una trama que concierta a la perfección el mundo íntimo de los dos  protagonistas, la descripción de paisajes oníricos y la narración de unos hechos cuya sucesión nos engancha como lectores,  atrapados por un discurso que nos mantiene en vilo. Así, el  horroroso universo del Poder Oscuro discurre en paralelo al otro, el del terrorífico sufrimiento de todo un país. Lo fantástico brota como lenguaje, como forma de expresión del resto de la ficción, más “realista”.

Esta es, en mi opinión, una de las particularidades del estilo de esta escritora y de la gran novela que es Nuestra parte de noche. Esa naturalidad con que traba una multiplicidad de elementos haciendo compatible la complejidad de la historia con la claridad y transparencia de la narración. Tras la lectura atenta del libro vemos el corte lateral que muestra las capas superpuestas que conforman la historia. En la superficie, el argumento donde Juan y Gaspar viven sus contradicciones y conflictos en una inversión de motivos complementarios: Juan en su camino hacia una muerte siempre amenazante, Gaspar en su progresión hacia la adolescencia y la madurez.  Cada uno  batallando con sus demonios interiores, perdidos en las frustraciones que les impiden conseguir sus objetivos. Juan, atormentado por la angustia de no ser capaz de salvar a su hijo del Poder oscuro; Gaspar, por el sufrimiento que le ocasiona la ignorancia en que le mantiene su padre. La forma y fondo con que se describe el proceso vital de estos dos personajes daría para un estudio psicopatológico que trasciende este artículo. Los dos perfiles configuran uno de las mejores muestras de análisis del ser humano desde una perspectiva interna, desde el más profundo ámbito emocional.  

En otro nivel descendente observamos la variedad de fuentes que aglutinan el imaginario de Mariana Enríquez y que están ya en sus obras anteriores.  La continuidad de la cultura indígena, propia de toda Latinoamérica, ofrece una amplia muestra de creencias y rituales en los que la muerte se acepta como parte de la vida corriente, con sus talismanes y creencias mágicas o adivinatorias, con sus casas misteriosas y sus fantasmas. Lo irracional enlaza con el folklore y la cultura popular, incorporados habitualmente a los relatos de la escritora como parte de su propio bagaje literario. Ahí entra también la oscuridad propia del “malditismo” romántico y su descenso a los infiernos nocturnos del alma. Mitos guaranís se armonizan con otros más universales como el del héroe trágico, el del “ángel caído” representado por el personaje de Juan. Él es un ser atormentado por su papel de intermediario entre los vivos y los muertos, siempre en la frontera de ambos mundos. Con clara conciencia de su destino, Juan se adentra en los territorios de los llamados “ausentes” recorriendo caminos  sofocantes y pantanosos donde la atmósfera irrespirable evoca el angustioso vacío de la nada.

Todo esto, lo político, lo social, lo psicológico y lo mítico, se imbrican en un relato perfectamente estructurado en cinco partes no lineales en el tiempo, pero sin las manidas alternancias entre presente y pasado propias de la literatura más comercial y de los best-seller.  Nuestra autora es mucho más sutil y administra magistralmente enigmas e información, personajes que saltan de una parte a otra, de un tiempo a otro, hilvanado las partes en un todo coherente. Con el talento de los grandes narradores, Mariana Enríquez nos seduce sin que nos demos cuenta.

Todo ello se expresa con un dominio de la lengua sobradamente eficiente  en cuanto al uso de los recursos narrativos e impregnado de una belleza formal, que  reconocemos, en su potencia simbólica, como poesía. En otras ocasiones el relato se hace realista y preciso acercándose al conceptismo barroco. Para muestra algunas frases “conceptistas”:

 

Gaspar: Ser huérfano es cargar con cenizas.

La Orden: El dinero es un país en sí mismo. Siempre es fácil para nosotros conseguir lo que queremos.

Y también el final de la novela donde el poder telúrico de la naturaleza invade  el interior de Gaspar y palpita al unísono con su pensamiento:

Le gustaban las lluvias violentas y cortas de Misiones, los ríos, la tierra roja, el preludio a la noche negra y caliente con las estrellas que latían en el cielo. Un brillo, el silencio, otro brillo, como un corazón exhausto.

 

¿Cómo el de su padre? No se sabe. A Mariana Enríquez le gustan los finales abiertos.


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