JOSEPH
ROTH (1894-1938) y LA MARCHA RADETZKY
Mª LUISA CASTILLO (a
partir de texto no publicado de Carmen García Monerris)
El periodista y escritor Joseph Roth nació en el seno de una familia judía en 1894, en Brody (Ucrania), en la frontera nororiental del imperio Austro-Húngaro. Ingresó en la universidad de Leópolis (Lviv, Ucrania) y después en la de Viena, una ciudad que había perdido la extraordinaria influencia que había tenido en la década de 1870. Se alistó voluntario en 1916 y después de la guerra empezó su trayectoria como periodista y se casó con Friederike Reichler, que pronto desarrolló una esquizofrenia que la obligó a ingresar en sanatorios psiquiátricos durante muchos años, suponiendo para el escritor un enorme trastorno emocional y económico. De uno de esos sanatorios la sacaron los nazis, antes de que muriera Roth, por el habitual expediente de eutanasia a los improductivos, inútiles, deformes y locos. El resto de la familia de Roth desapareció también en los campos de exterminio.
En 1925 fue contratado por Frankfurter Zeitung y se convirtió en uno de los periodistas mejor pagados de Europa. Fue un reportero extraordinario que dejó ejemplos insuperables en Crónicas berlinesas y Viaje a Rusia. Siempre luchó por conseguir la independencia intelectual respecto a las servidumbres creadas por los dueños de los periódicos o las editoriales.
Joseph Roth está
considerado como uno de los intelectuales más potentes de la cultura occidental
de entreguerras, con una fama poco a poco recuperada ante el extraordinario
empuje de otro contemporáneo y amigo suyo, Stefan Zweig.
A diferencia de Zweig, a
quien conoció en persona en 1929 y con el que mantuvo una interesante
correspondencia, el carácter impulsivo y apasionado de Roth le llevó siempre al
compromiso activo, especialmente contra la deriva autoritaria y fascista de
Europa y de su antigua "patria". Tuvo momentos de radicalismo
izquierdista, en los que se hacía llamar "Roth el Rojo" y que se
desarrollaron fundamentalmente después de la I Guerra Mundial.
Joseph Roth es el típico
personaje dispuesto a equivocarse una y otra vez antes que renunciar a entender
y/o criticar el momento que le tocó vivir. Sweig, como dijo de él el propio
Roth, tenía el extraño poder de "desviar la vista de las tinieblas que le
perjudicarían". De hecho, cuando estas le perjudicaron mucho no las
afrontó, se suicidó. Roth murió a los 46 años, en 1939, presa de su delirium
tremens
—síndrome de abstinencia alcohólica grave—, cuando el mundo se
sumergía también en una borrachera sangrienta y de muerte irracional. Toda
amistad conmigo, escribió en una carta a Sweig, se echa fácilmente a
perder. Yo mismo soy un muro de lamentaciones, un montón de escombros.
Usted no sabe qué oscuro está mi interior".
En La marcha Radetzky narra
la historia de tres miembros de una familia de origen campesino originaria de
Eslovenia, los Trotta. Su primer protagonista fue el soldado Joseph Trotta
que, por azar, salvó al emperador de la muerte en la batalla de Solferino, en
1859. A consecuencia de esa hazaña, recibió el título de barón de Sipolje, el
pueblo originario de la familia, y pasó a ser Joseph von Trotta.
Andando el tiempo, el
héroe de Solferino descubrió que su hazaña era manipulada en los libros de
historia, añadiendo elementos heroicos que en realidad no habían sucedido.
Intentó que se modificaran, pero en vano. Este episodio es el pilar sobre el
que se va a construir la gran narrativa que desarrolla Roth a lo largo de la
novela, que no es otra que el peso de la tradición y de la historia sobre los
hombros de generaciones sucesivas que se enfrentan a una serie de problemas y
de situaciones que les hacen dudar de esas tradiciones. Su hijo, Franz von
Trotta y Sipolje, al que prohibió ser militar, se convirtió en un
funcionario notable, responsable y cabeza de la administración regional de su
distrito y guardián de las tradiciones. El teniente Carl Joseph, militar
contra sus deseos y nieto del héroe, es el protagonista moderno: desorientado,
insatisfecho, dubitativo, pusilánime, enamoradizo de mujeres casadas y añorante
del terruño originario. El nieto del héroe de Solferino no tuvo una muerte
heroica dina de incluirse en los libros de lectura de las escuelas imperiales
austriacas. Pero ya no importaba porque ese mundo había desaparecido.
Administración y ejército
son las dos instancias de mediación entre el pueblo y la figura del emperador. El
imperio de Francisco José encarnaba la idea política capaz de reprimir y
superar las energías desintegradoras motrices del nacionalismo y con ello mantenía
la posibilidad de una "salud" que podría identificarse con las ideas
de cosmopolitismo, tolerancia, convivencia y libre circulación en el amplio
espacio geográfico de la Mitteleuropa. La Gran Guerra y el triunfo de la
idea del presidente americano Wilson de “un pueblo, una nación" en la
Conferencia de Paz de París (1919), la anuló. Los imperios se desintegraron y
algunas naciones se convirtieron en estados con serias dificultades para existir
autónomamente, como demostró la posterior anexión de Austria al Reich en 1938.
En Joseph Roth la pérdida
y añoranza del antiguo imperio está presente en toda su obra y fue escenario
para atribuir a sus protagonistas las angustias del hombre moderno enfrentado a
la pérdida de los valores tradicionales, la disgregación, la secularización, la
soledad y la carencia de raíces. ¿Habría podido contenerse “la peste marrón”,
el partido nazi, de haber existido la figura de unión del emperador preservando
la pluralidad? ¿Es conservadurismo ridiculizar el anticuado imperio? En un
marco de bronce, con cagadas de mosca, se hallaba el jefe supremo de los
ejércitos, dice en el cap. V.
La publicación de La
marcha Radetzky en 1932, cuando Hitler estaba a punto de ascender al poder
en Alemania, marcó el punto de inflexión hacia otra fase más desesperada y más amarga
en su vida, porque lo que vivía era aún peor que lo de antes. Cuando Austria
estaba a punto de sucumbir ante las tropas hitlerianas, Roth se trasladó a
París, donde murió alcoholizado en 1939. Su obra póstuma se tituló
significativamente El santo bebedor.