lunes, 9 de marzo de 2026

JOSEPH ROTH y LA MARCHA RADETZKY

 

JOSEPH ROTH (1894-1938) y LA MARCHA RADETZKY

Mª LUISA CASTILLO (a partir de texto no publicado de Carmen García Monerris)

 

El periodista y escritor Joseph Roth nació en el seno de una familia judía en 1894, en Brody (Ucrania), en la frontera nororiental del imperio Austro-Húngaro. Ingresó en la universidad de Leópolis (Lviv, Ucrania) y después en la de Viena, una ciudad que había perdido la extraordinaria influencia que había tenido en la década de 1870. Se alistó voluntario en 1916 y después de la guerra empezó su trayectoria como periodista y se casó con Friederike Reichler, que pronto desarrolló una esquizofrenia que la obligó a ingresar en sanatorios psiquiátricos durante muchos años, suponiendo para el escritor un enorme trastorno emocional y económico. De uno de esos sanatorios la sacaron los nazis, antes de que muriera Roth, por el habitual expediente de eutanasia a los improductivos, inútiles, deformes y locos. El resto de la familia de Roth desapareció también en los campos de exterminio.

                   

En 1925 fue contratado por Frankfurter Zeitung y se convirtió en uno de los periodistas mejor pagados de Europa. Fue un reportero extraordinario que dejó ejemplos insuperables en Crónicas berlinesas y Viaje a Rusia. Siempre luchó por conseguir la independencia intelectual respecto a las servidumbres creadas por los dueños de los periódicos o las editoriales.

Joseph Roth está considerado como uno de los intelectuales más potentes de la cultura occidental de entreguerras, con una fama poco a poco recuperada ante el extraordinario empuje de otro contemporáneo y amigo suyo, Stefan Zweig.

A diferencia de Zweig, a quien conoció en persona en 1929 y con el que mantuvo una interesante correspondencia, el carácter impulsivo y apasionado de Roth le llevó siempre al compromiso activo, especialmente contra la deriva autoritaria y fascista de Europa y de su antigua "patria". Tuvo momentos de radicalismo izquierdista, en los que se hacía llamar "Roth el Rojo" y que se desarrollaron fundamentalmente después de la I Guerra Mundial.

Joseph Roth es el típico personaje dispuesto a equivocarse una y otra vez antes que renunciar a entender y/o criticar el momento que le tocó vivir. Sweig, como dijo de él el propio Roth, tenía el extraño poder de "desviar la vista de las tinieblas que le perjudicarían". De hecho, cuando estas le perjudicaron mucho no las afrontó, se suicidó. Roth murió a los 46 años, en 1939, presa de su delirium tremenssíndrome de abstinencia alcohólica grave, cuando el mundo se sumergía también en una borrachera sangrienta y de muerte irracional. Toda amistad conmigo, escribió en una carta a Sweig, se echa fácilmente a perder. Yo mismo soy un muro de lamentaciones, un montón de escombros. Usted no sabe qué oscuro está mi interior".

En La marcha Radetzky narra la historia de tres miembros de una familia de origen campesino originaria de Eslovenia, los Trotta. Su primer protagonista fue el soldado Joseph Trotta que, por azar, salvó al emperador de la muerte en la batalla de Solferino, en 1859. A consecuencia de esa hazaña, recibió el título de barón de Sipolje, el pueblo originario de la familia, y pasó a ser Joseph von Trotta.

Andando el tiempo, el héroe de Solferino descubrió que su hazaña era manipulada en los libros de historia, añadiendo elementos heroicos que en realidad no habían sucedido. Intentó que se modificaran, pero en vano. Este episodio es el pilar sobre el que se va a construir la gran narrativa que desarrolla Roth a lo largo de la novela, que no es otra que el peso de la tradición y de la historia sobre los hombros de generaciones sucesivas que se enfrentan a una serie de problemas y de situaciones que les hacen dudar de esas tradiciones. Su hijo, Franz von Trotta y Sipolje, al que prohibió ser militar, se convirtió en un funcionario notable, responsable y cabeza de la administración regional de su distrito y guardián de las tradiciones. El teniente Carl Joseph, militar contra sus deseos y nieto del héroe, es el protagonista moderno: desorientado, insatisfecho, dubitativo, pusilánime, enamoradizo de mujeres casadas y añorante del terruño originario. El nieto del héroe de Solferino no tuvo una muerte heroica dina de incluirse en los libros de lectura de las escuelas imperiales austriacas. Pero ya no importaba porque ese mundo había desaparecido.

Administración y ejército son las dos instancias de mediación entre el pueblo y la figura del emperador. El imperio de Francisco José encarnaba la idea política capaz de reprimir y superar las energías desintegradoras motrices del nacionalismo y con ello mantenía la posibilidad de una "salud" que podría identificarse con las ideas de cosmopolitismo, tolerancia, convivencia y libre circulación en el amplio espacio geográfico de la Mitteleuropa. La Gran Guerra y el triunfo de la idea del presidente americano Wilson de “un pueblo, una nación" en la Conferencia de Paz de París (1919), la anuló. Los imperios se desintegraron y algunas naciones se convirtieron en estados con serias dificultades para existir autónomamente, como demostró la posterior anexión de Austria al Reich en 1938.

En Joseph Roth la pérdida y añoranza del antiguo imperio está presente en toda su obra y fue escenario para atribuir a sus protagonistas las angustias del hombre moderno enfrentado a la pérdida de los valores tradicionales, la disgregación, la secularización, la soledad y la carencia de raíces. ¿Habría podido contenerse “la peste marrón”, el partido nazi, de haber existido la figura de unión del emperador preservando la pluralidad? ¿Es conservadurismo ridiculizar el anticuado imperio? En un marco de bronce, con cagadas de mosca, se hallaba el jefe supremo de los ejércitos, dice en el cap. V.

La publicación de La marcha Radetzky en 1932, cuando Hitler estaba a punto de ascender al poder en Alemania, marcó el punto de inflexión hacia otra fase más desesperada y más amarga en su vida, porque lo que vivía era aún peor que lo de antes. Cuando Austria estaba a punto de sucumbir ante las tropas hitlerianas, Roth se trasladó a París, donde murió alcoholizado en 1939. Su obra póstuma se tituló significativamente El santo bebedor.

 

 

IMPERIO AUSTRO-HÚNGARO


IMPERIO AUSTRO-HÚNGARO

               FUENTE: https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/imperio-austriaco-1855/

                 

TTITULACIÓN: Su Majestad Imperial y Apostólica, Francisco José I, por la Gracia de Dios emperador de Austria, rey de Hungría y de Bohemia; rey de Dalmacia, Croacia-Eslovenia, Galitzia, Lodomeria e Iliria; rey de Jerusalén; archiduque de Austria; Gran Duque de Toscana y Cracovia,…


 FRANCISCO JOSÉ I reinó durante 68 años (1848-1916) en un imperio de tal diversidad étnica, cultural y religiosa que lo hacían inviable. La figura del emperador servía de unión a tanta diversidad y Francisco José I fue el emperador por antonomasia.

El Imperio Austrohúngaro fue primero Imperio Austríaco, fundado en 1804 por Francisco I como reacción al I Imperio francés, y alcanzó su máxima extensión a raíz de la derrota napoleónica y la reorganización de Europa en la Conferencia de Viena de 1815. Los movimientos nacionalistas e independentistas fueron una amenaza constante. La batalla del “héroe de Solferino” (1859), en el norte de Italia, contra tropas francesas de Napoleón III se enmarca dentro del proceso de independencia y de unificación italiana.

El Imperio tuvo dos grandes centros de poder: Austria, de cultura alemana, y Hungría, de cultura magiar. En 1867 se llegó a un compromiso que dividió el Imperio en dos reinos: Austria y Hungría. Fue la llamada “monarquía dual”, que compartía emperador, ministro de guerra, relaciones exteriores y finanzas, pero con leyes, gobierno y parlamento propios. Más tarde hubo otros elementos de integración como el ferrocarril y el telégrafo. El acuerdo de 1867 solventó el problema húngaro, pero no el de otras importantes minorías, como polacos, checos, croatas, etc. A fines del XIX el Imperio se veía sin futuro debido al imposible equilibrio, al personalismo imperial y a su incapacidad para evolucionar políticamente. Si a esto añadimos el afán de control austro-húngaro y ruso en los Balcanes a costa de la debilidad del Imperio Turco, comprenderemos la inestabilidad de la zona balcánica, donde, a partir de 1908, una sucesión de crisis desembocó en la Gran Guerra en 1914. 












LO MÁS LEÍDO