domingo, 15 de enero de 2017

En el último azul: resumen

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“EN EL ULTIMO AZUL” de Carme Riera. Resumen.


Por José Luis Vicent Marin.

Resumir sin omitir e intentando no excederme. Ese será, a pesar de su frialdad, mi primer objetivo, y lo haré en las mismas tres partes que contiene esta obra basada en hechos históricos y amenizada con otros inventados fácilmente identificables.

La primera parte se desarrolla en 1687 en “Ciutat” de Mallorca gobernada por Antonio Nepomuceno, virrey algo permisivo con los judíos de cuyo compromiso con la Iglesia duda el inquisidor Rodríguez Fermosino sirviéndose de la rivalidad de los padres Ferrando y Amengual por ocupar una rectoría, para perseguirlos.

La espita se enciende a los diez años de una historia similar cuya parte erótica escuchada por el marino Joao Peres en boca del capitán Harts, intenta repetir acudiendo al lugar donde aquél era recibido con los ojos vendados en los aposentos de una misteriosa dama, pero antes de conseguirlo escucha unos gritos y acude en auxilio de Aina Cortés a quien encuentra ensangrentada cerca de su amante herido y de un muchacho —su hermano—con el sexo dañado.

El tío de Aína, el orfebre Rafael Cortés, apodado Costura, que desde que murió su joven esposa se pasa las noches en la azotea vigilando La Calle —donde moran los judíos supuestamente conversos— lo ha visto y no duda en acudir al padre de ésta —otro Rafael Cortés apodado Cap de Trons—porque imagina que es el causante. Costura, que a diferencia de su primo, solo busca los beneficios de no ser judío, pretende delatarle ante el Padre Ferrando a fin de que influya en su favor por el encargo de una custodia, pero camino de la Iglesia es abordado por Valls que para conminarlo a retirar la denuncia lo invita a comer en su huerto en compañía de otros judíos a quien se dice que alecciona. Costura acepta porque piensa que el Rabí es el único que podría evitar perder una deuda de su primo si este fuera condenado, y de paso retiene algunos hechos punibles que actúen a su favor como sacar agua en domingo o las conversaciones —algunas disparatadas— de Josep Tarongí apodado “el Cónsul”, de Pere Onofre Aguiló o del propio Valls que se da cuenta y mirándole a los ojos se lamenta de que no exista una máquina capaz de grabar con exactitud todo lo que se habla para que nadie pueda tergiversarlo.

Ya a solas, recuerdan la historia de Harts. El Cónsul cree que se fracasó por culpa de Blanca Mª Pires. Valls no piensa igual y ahora con ella en Livorno —ciudad condescendiente y próspera—, vela por sus intereses en la isla, ya que al fallecer su marido Andreu Sampol, compró sus posesiones antes que fueran incautadas. Recuerda un triste episodio de asedio que de niño le llenó de furia y cree que ha llegado el momento de intentar una nueva fuga porque de lo contrario, el tema de Costura y Cap de Trons se volverá contra ellos.

Este tema también se debate en la Iglesia de Montesión donde cada semana se reúnen en aburridas tertulias los dos jesuitas, el cronista Angelat, el Juez de Bienes Jaume Llabrés, y el sobrino letrado del virrey Sebastiá Palou. Al Juez de Bienes le encantan los “quartos embatumats” de las monjas clarisas pero no le gusta que el Padre Ferrando hable bien de Costura ensalzando su papel delator. El Padre Amengual solo está interesado en su cursi obra sobre la vida de sor Noreta —sobrina de la virreina a la que su marido aborrece pensando en los bailes de sus esclavas moritas. Sebastía Palou se burla abiertamente de las frases rimbombantes del padre Amengual y el cronista Angelat alude que su papel —a diferencia de los poetas— es contar la verdad sin añadir ni quitar punto. Aparece Costura llorando porque su primo se muere y el Padre Ferrando insta al malsín a sacarle más cosas antes de que fallezca.

El virrey, informado por su sobrino, dice que hablará con Valls en cuyo huerto se ha refugiado Costura herido por unas pedradas. El Rabí, hospitalario, lo atenderá tras hablar con Pere Onofre Aguiló —único con salvoconducto para entrar y salir de la isla—instándole a que acuda a Blanca en busca de dinero para poder pagar la huida porque hay “celo inquisitorial” y Sebastiá Palou, de paso, le entrega unos pergaminos perfumados. De regreso a Mallorca con el dinero de la viuda de Sampol en el pecho, Aguiló recuerda su amistad y sus diferencias con Valls pero ahora coincide en que el Mesías está por venir y desea que Jacob Mohasé, Rabí de Livorno, se decante por el hijo de Blanca, con cuyos ojos —según su mujer Esther Vives— encandila a los hombres. 

En el ínterin, el inquisidor Fermosino ha recibido la carta de Costura de manos del Padre Ferrando a quien considera un “insecto repulsivo” largándolo sin aclarar lo que hará. Tampoco Amengual le gusta pero al menos no le molesta con sus vidas de santos. Aunque sabe, por muchos casos que hojee —como el de los tratos carnales del Obispo con “la coixa”, la más prestigiosa prostituta del burdel—, que el de la delación es el único que llenará sus arcas vacías.


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La segunda parte empieza con el intento de fuga de un grupo de judíos acaudillados por Gabriel Valls que envenenó a Costura con una dosis tan escasa que le dio tiempo de delatar antes de morir. El grupo salió de Ciutat como cualquier domingo después de escuchar la misa cristiana, hasta llegar al jabeque patroneado por el capitán Willis que los escondió en la bodega conminándoles a que no rezaran hasta alcanzar “el último azul”, pero el mal tiempo les impidió zarpar, el bebé de Aína se ahoga, Valls empieza a sentirse culpa y tienen que regresar antes del cierre de puertas. En Ciutat, la loca Caterina Bonnín —suegra de Valls— ha vociferado que Madó Grossa se ha llevado a su hija alarmando al alguacil y su ayudante que se topan con los grupos separados en hombres por un lado y mujeres y niños por otro. A uno de ellos se le escapa decir que vienen de un jabeque y son llevados a la “Casa Negra” donde comparecen ante el Juez de Bienes y ante el escribano encargado de relacionar los bienes confiscados, como las casas que inmediatamente son cerradas con maderas y listones paseando a sus ex dueños por delante de ellas.

El Rabí en su celda cree que si interrogan a Willis están perdidos, pero mantiene la esperanza en su hijo Rafael a quien aconsejó esconderse en el burdel y se anima recordando a Blanca y sus conversaciones acerca de Cristo, Dios o Adonay y otra con Aguiló asegurándole que Joao Peres trabaja para ella.

Su hijo es ayudado por Beatriu Más, “la coixa” que le cayó bien desde el principio atendiéndolo en todas las facetas, tanto humanas como las propias de su profesión, procurándole un hábito de monje para salir del burdel.

En la tertulia de Montesión, el padre Ferrando duda de la lealtad de Sebastiá Palou que intenta disculpar a Gabriel Valls mientras que el padre Amegual se ofrece a escribir una nueva obra de la que solo posee el título: “Cánticos a favor de la fe triunfante”. El cronista Angelat anima a los dos jesuitas envueltos en su pelea de gallos a que trabajen juntos: uno basándose en datos de los presos y el otro con el ornato de la pluma.

En la calle, una turba capitaneada por el líder de los “bandejats”, Sen Boiet, se levanta bramando contra los judíos y de paso protestando contra el virrey por el precio del trigo. Rafael Valls vestido de monje aprovecha la contienda para salir de Ciutat pensando en su madre, en su prometida y en “la coixa”, pero cuando va a atender a un moribundo que resulta ser Sen Boiet, es descubierto por la ausencia de coronilla en la cabeza.

En la Catedral, llena incluso por los familiares de los fugitivos, el sermón del Obispo está repleto de calamidades infernales, calderas hirvientes y agradecimientos al “viento insuflado por la boca de Cristo” que impidió la huida de los herejes y “que salvó a los fugitivos de morir en el mar concediéndoles la posibilidad de ver el cielo”. En la oratoria, el propio virrey se siente aludido y piensa que las moritas —a las que un día de borrachera agredió sexualmente— han cantado y por eso la Iglesia le persigue, a pesar de saber de buena mano que las revueltas fueron instigadas precisamente por ella.

La tercera parte empieza en Livorno. Los cuarenta días que tarda en presentarse de vacío el capitán Willis, hacen dudar a Blanca y Aguiló de la verdad de sus explicaciones pero éste se siente responsable y decide volver a Mallorca donde han comenzado las declaraciones. Primero niños y mujeres a las que como hembras consideran poco capacitadas, y después los hombres. Los tormentos van consiguiendo su objetivo. Algunos niños dan detalles de su estancia en el jabeque y María Pomar con los brazos descoyuntados, admite que Costura tenía razón y que Valls les enseñó el padrenuestro judaico. Madó Grossa se los recoloca y en su celda recibe los cuidados de la visionaria Sara dels Olors que la trata como su “virgencita” y de “la coixa” que se gana su amistad tras los primeros recelos, sobre todo cuando a cambio de algunos favores sexuales al alcaide, consigue que éste permita a su prometido Rafael—detenido con el hábito de monje— visitarla unas horas con la discreta presencia de sus amigas.  Su padre, Gabriel Valls que también consiguió verlo un rato, se pregunta en la oscuridad y silencio de su celda, por la suerte de su mujer María Aguiló a la que ama como una imposición a sí mismo y no puede evitar compararla con la inolvidable viuda de Sampol que jamás hubiera acudido como ella, sumisa y triste al embarque. Valls sigue con su sentimiento de culpa y sus reflexiones, hasta creer que Adonay y el Dios cristiano solo están en la tozudez humana, mientras el Padre Ferrando desiste de hacerle razonar y es relevado por Amegual que se limita a leerle textos de autores anti judíos.

Desde que el virrey volviera de Madrid donde acudió en busca de apoyo con la excusa de concretar detalles de una próxima visita real, y mosqueado por la presencia de un cura que le miraba mal junto a la Reina Mariana de Austria, los poderes eclesiásticos y cívicos en la isla están cada vez más distanciados. El fiscal Llabrés pretende acelerar los procesos “talando todo árbol sano por mucho fruto que dé” aun a costa de arruinar Mallorca y Sebastiá le dice a su tío que le van a relevar y que él se va a casar con la fea y devota hermana de la virreina Onofrina porque a su prometida le han confiscado los bienes.
Mientras tanto, Aguiló sufre un accidente con la yegua que le transportaba y convencido de que el destino lastrará su culpa de por vida se hunde en la melancolía. Blanca toma las riendas mientras reflexiona sobre los misterios de su origen y el posible parentesco con Joao Peres a quien enviará en sustitución de aquél con la esperanza de llegar a tiempo de realizar pactos mercantiles porque los “bandejats”, según le escribió Sepastiá Palou, odian a los judíos.

Valls, insiste en que le interroguen para presentarse como único culpable o se dejará morir en la celda y en una tensa disputa verbal con el fiscal niega ser apóstata aunque nunca renunciará a ser judío porque “no puede dejar de serlo”. El inquisidor le recuerda sus conversaciones en el huerto apuntando que no hay salvación fuera de la religión católica y que habrá tormento para hacerle entrar en razón.

Las sentencias solo libran a los niños, a “la coixa” por seguir su causa abierta, y a unos pocos con penas de 15 años a perpetua. El resto, excepto Isabel Tarongí y Gabriel Valls que serán quemados vivos, han aceptado la religión cristiana y por tanto tendrán la suerte de pasar por el garrote antes de la hoguera.

Cuando llega Joao, Ciutat es una fiesta. Habla con Sebastiá en la misma casa donde Blanca recibió al capitán Harts intentando aclarar lo que entonces sucedió, para concluir que ahora ya es demasiado tarde y ni el dinero ni el anillo con sus iniciales hubieran hecho cambiar al tribunal. Joao, a cierta distancia pero intentando que Valls descubra en sus ojos una muestra de gratitud y comprensión, observa cómo finalmente mirando al mar se retuerce entre las llamas.

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En el último azul. Comentario


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“EN EL ULTIMO AZUL” de Carme Riera
Por José Luis Vicent Marin.

Creo que esta novela —basada en hechos acaecidos en “Ciutat” de Mallorca sobre 1687 en plena época de “celo inquisitorial”— y amenizada con otros inventados fácilmente identificables— en las facetas donde la crudeza cobra protagonismo, se impone la indignación. Tal vez menos de lo que debiera, seguramente porque además de ser conocedores de aquellos episodios infames auspiciados por la iglesia católica y sostenidos por los poderes reales o viceversa que —valga la indirecta— tanto monta o monta tanto, su repetición en situaciones actuales de corte similar, terminan por dejarnos indiferentes. No obstante, aprecio grandes dosis de ironía con excelente lenguaje burlesco hacia algunos personajes que son ridiculizados desde fuera y desde dentro de la novela que suavizan bastante la barbarie de los hechos. Aun así, la obra es capaz de trasmitir la ira, el desencanto, la angustia o la incredulidad al lector, pero también de estimular otros sentidos en los momentos tiernos o pasionales o perfumarnos con los olores de la naturaleza.

La narración está dividida en tres partes bien diferenciadas —presentación del detonante de la fuga, fracaso de la misma y consecuencias del intento—, lo que no es óbice para dar saltos temporales que mejoren o aclaren la situación presente.

La primera aparición de los personajes ha servido a menudo para aportar información de su carácter, de sus pensamientos ocultos y de su pasado.

Así observamos la obsesión enfermiza de Rafael Cortés “Cap de Trons” por mantenerse como “un auténtico judío” aun a costa de herir físicamente a los miembros de su familia. O las santas visiones de Sara dels Olors que contrariamente a aquél, le sirven para infundir cariño y cuidado espiritual a su “virgencita” y compañera de celda, Quiteria Pomar, seriamente dañada por los tormentos de la inquisición. No menos importantes que los cuidados físicos de la curandera Madó Grossa que le alivia el dolor colocando de nuevo en su sitio sus brazos descoyuntados. También se aprecia la entrega —no solo carnal—de “la coixa” que con sus favores sexuales consigue otros piadosos y desinteresados como sacar del burdel a Rafael Valls vestido de monje o conseguirle una visita en la celda de su prometida. El impulso benefactor nos llega de Blanca María Pires desde Livorno, envuelto en una sutil capa de misteriosa seducción, y de Sebastia Palou como “espía” en la isla, aunque tal vez más movido por su pasión hacia ella que por solidaridad con los perseguidos. La lealtad del Rabí Gabriel Valls, por encima de diferencias de criterios con Josep Tarongí “el Cónsul” que piensa que fue ella la responsable del fracaso en un anterior intento de huida o las más íntimas con el mercader Pere Onofre Aguiló en cuanto a las verdades de El Mesías, resaltan el verdadero valor de la amistad. Y si el amor por el ser querido, cede, se intenta que no caiga, como el caso de Gabriel Valls con su esposa María Aguiló, que se lo toma como una imposición a sí mismo cuando, sumisa y contraria a la fuga, la obliga a huir con todo el grupo. El Rabí aparta entonces sus verdaderos impulsos hacia Blanca, cuya férrea voluntad no hubiera permitido imposición alguna.

Virtudes y defectos, miedos, debilidades, heridas psíquicas incurables, misterios un tanto indescifrables y reflexiones acerca de la religión, salpican las páginas sin apartarse del tema dominante, cuya consecuencia final, antes de la muerte o la melancolía, es el repetitivo sentimiento de culpa —evidenciado en las figuras de Valls y Aguiló— o el de perversa justicia mal llamada divina en todos y cada uno de los componentes de la curia.
En ellos y unos cuantos de sus amigos podemos encontrar todos los pecados capitales —y algunos más— que tanto condena la iglesia. Al inquisidor Fermosino, cuando las disputas verbales no consiguen su efecto, le basta llenarse de ira y señalar que no hay salvación fuera de la religión católica, aplicando el tormento como único método de hacer entrar en razón a los infieles. A Rafael Cortés “Costura”, en su calidad de orfebre, le tienta la avaricia de conseguir el jugoso encargo de una custodia y a su confesor el Padre Ferrando la del puesto de rector alentando más si cabe al malsín para que le entregue la delación. El Padre Amengual es un soberbio de sus obras literarias inspiradas en vidas de actuales o futuros santos. Ambos jesuitas se odian pero también les corroe la envidia por si lo que consigue uno es superior a lo que consigue el otro. El virrey Nepomuceno, aborrece a su mujer Onofrina y aunque intenta no hacer daño a los judíos, le puede la lujuria proyectada en los cuerpos de sus esclavas moritas. El Juez de Bienes Jaume Llabrés alimenta su gula con los “quartos embatumats” que le preparan las monjas clarisas en las tertulias de Montesión y al cronista Angelat, por mantenerse al margen de toda opinión y limitarse a lo que considera su obligación de no añadir ni quitar punto a lo que escucha, le asignaremos con el beneficio de la duda, el de la pereza.


Pienso que erigirse como siervos de Dios, Adonay, Alá o el Altísmo, constituyen demasiadas veces la excusa para eludir las responsabilidades humanas y mucho me temo que si aquellos seres sobrenaturales supieran las cosas que se hacen en su nombre, en su misma confusión bajarían para decir que no existen. 

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En el último azul, proceso a la intolerancia

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En el último azul, proceso a la intolerancia

La escritora mallorquina Carme Riera publicó En el último azul en 1996.  Desde entonces, numerosas ediciones en diferentes formatos y soportes han dado fe del éxito de este relato sobre los terribles sucesos que acontecieron en Palma de Mallorca (Ciutat) durante los  Autos de Fe contra los judíos. En la primavera de 1678, el frustrado intento de huida y posterior apresamiento y enjuiciamiento de un numeroso grupo de clandestinos seguidores de la ley mosaica, desembocó en los sangrientos y crueles castigos que se despliegan en esta narración. Estructurada en tres partes, la historia discurre en dos escenarios que contienen a su vez dos tramas: los acontecimientos que suceden en las laberínticas y claustrofóbicas calles de Ciutat (la génesis y desarrollo del conflicto), y los de Livorno, el lejano y edénico destino exterior en el que los oprimidos esperaron encontrar la libertad. Pues, al fin y al cabo, esta es la historia de la planificación y fracaso de un viaje hacia la tolerancia, tanto religiosa como cultural, de un pueblo que sólo deseaba vivir en paz con sus creencias y prosperar con sus negocios.

Dos secuencias de carácter fantástico, evocadoras de legendarios cuentos de viajeros y sirenas, abren y cierran el relato como el marco de un cuadro que delimita e inmoviliza el contenido ficticio de la historia narrada.  El primer paseo del marinero Joao Peres por las misteriosas y  oscuras calles de Ciutat en busca de la dama misteriosa y de sublime belleza, llena de promesas de amor y felicidad, contrastan con la visión perturbadora y desgarrada de una sociedad que tortura y quema a sus supuestos enemigos espirituales. Principio mágico y final naturalista se constituyen en alfa y omega de una historia que engendra un sueño y acaba en dolor y muerte.

La novela aplica las reglas del relato tradicional con su estructura tripartita, en la que primero se presenta a los personajes y la génesis del conflicto  en una sociedad dividida por la fe y espurios intereses; a continuación, el nudo con el intento de huida, arresto y encarcelamiento de los rebeldes; y finalmente, el desenlace, con los juicios, penas y quema pública de los condenados. En cuanto al tiempo de la historia, aunque es lineal  y cronológico en su conjunto (desde el comienzo de la primavera hasta el otoño del infausto año de 1678), incluye un discurso temporal analéptico y fraccionado, donde la trama se muestra subdividida en múltiples episodios correspondientes a las peripecias de cada personaje o grupo de personajes. Esta fragmentación de la acción principal, junto con las continuas  retrospecciones o referencias a un pasado que pretende completar el perfil y función de los componentes del relato, crea cierta confusión en el lector, que ve cómo se le escapa el contenido nuclear de una narración dividida en episodios inconclusos. Tienen que pasar muchas páginas y capítulos para que  la acción se perfile con nitidez y sus protagonistas muestren sus rasgos y problemas.

En el debate tertuliano se  apuntó que esta técnica es típica de las teleseries y de los best-seller, y que, bien empleada, contribuye a crear el clima de suspense que incita al lector a seguir leyendo impulsado por la necesidad imperiosa de conocer el siguiente acontecimiento. No es nuevo, pues, este artificio (presente quizá en la novela bizantina que precedió al género de aventuras) que sin duda encontró su mejor acomodo en la novela por entregas del siglo XIX, y se consolidó en el folletín. En cualquier caso, como no somos ni pretendemos ser expertos portadores de lecciones de sabiduría, dejamos  el tema abierto a futuros y deseables comentarios. No olvidemos que Cervantes también interrumpió su relato en el famoso capítulo IX de El Quijote, dejando al vizcaíno y a nuestro entrañable caballero con las espadas en alto, en una imagen estática y suspendida. Interrumpir, cortar, insertar una y otra historia en la trama; llevar el discurso temporal hacia delante y atrás; combinar actos presentes con recuerdos del pasado y deseos o proyecciones del futuro, todo ello forma parte de la narratología y su teoría del relato o del arte de contar.  

Volvemos a nuestra novela y a su carácter dual respecto a la forma de agrupar  los personajes: por un lado nos encontramos con el poder civil y religioso, representado respectivamente por la Monarquía y la Iglesia, con sus virreyes, obispos y funcionarios intermedios. Por otro, la sociedad judía  con su diversidad social formada por acaudalados e influyentes comerciantes, artesanos, criados y hortelanos. En la novela hay una amplia representación de todos ellos con nombres y apellidos. Los más rimbombantes de la parte cristiana corresponden, naturalmente, a los más poderosos: Antonio Nepomuceno Sotomayor y Ampuero, Virrey de su Majestad; Nicolás Rodríguez Fermosino, Gran Inquisidor de la Católica y Apostólica Iglesia de Roma; Jaume Llabrés, Juez de Bienes, eufemístico apelativo del Confiscador del Santo Oficio. Como vemos, una perfecta geometría que reúne política, religión y economía en un triángulo de intereses y confluencias.

En la parte judía, también se distingue  al líder supremo en Gabriel Valls de Valls Major, frente a los numerosos Cortés, Bonnín, Fortesa, Martí y Miró, con que se nombran a toda una galería de xuetas (cerdo, marrano), término despectivo con que se denominaba a los judíos y que ha pervivido como insulto mallorquín. Con esta novela, Carme Riera pretende rescatar de la Historia unos hechos deleznables y redimir la memoria de unas personas que fueron injustamente perseguidas y masacradas  debido a sus creencias.

Los primeros, los cristianos, desempeñan el papel de verdugos; de víctimas, los segundos, los judíos. Interpretamos esta simplificación como una concesión al tratamiento más dramático que histórico  de la narración, lo que nos ha llevado a polemizar sobre la definición de novela histórica y si ésta lo es. Algunas aportaciones pretenderán aclarar esta cuestión aunque quizá no lo consigan. Tras un dilatado intercambio de opiniones y argumentos, llegamos como mucho, a definir lo que no es novela histórica. No basta con que se relaten hechos en un contexto histórico. Todos hemos leído novelas situadas, por ejemplo, en el antiguo Egipto, en las que los personajes hablan como si salieran de un Burger King. Una buena novela histórica, como Bomarzo, de Múgica Laínez, reproduce tanto la Historia y los personajes que la habitaron, como la “atmósfera” cultural y  social de su tiempo.  A la vez nos muestra los personajes inmersos en sus conflictos y contradicciones, con sus luces y sombras, con los numerosos y nebulosos matices que los hacen verosímiles. La buena novela histórica nos sumerge en los hechos de la Historia para aportarnos conocimientos nuevos desde nuevas perspectivas.  Sin excluir el entretenimiento de toda ficción, no se queda en ella sino que la trasciende, pues, tras leer esa novela que ha desplegado ante nuestros ojos un universo ficticio elaborado con materiales procedentes de la Historia, sentimos que hemos viajado a un tiempo pasado y, tras permanecer en él, hemos aprendido algo que no sabíamos y que formará parte de nuestra memoria lectora. Alguien pregunta si Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, es novela histórica…. Alguien dice que los libros de Santiago Posteguillo sobre la Historia de Roma, sí los son. En fin, otro debate abierto para que intervengan  blogueros y comentaristas.

¿Qué diríamos al respecto sobre la novela que nos ocupa? De momento, sólo nos aventuramos a considerarla como una narración ficticia sobre hechos y personajes históricos. La propia autora explica al final de su libro qué estrategias y convenciones narrativas propias de la novela utilizó para transformar la Historia en relato de ficción. Lo más arriesgado que  nos atrevemos a afirmar es que esta novela trata de hechos históricos, pero no nos aporta nada nuevo sobre los problemas de los judíos, ya que el relato se parece demasiado a otros que hemos leído o visto en el cine. La división entre buenos y malos, verdugos y víctimas es demasiado obvia y tópica. Más interesante podría ser el diferente cariz que la mentira, el fingimiento y la hipocresía presentan en los dos grupos sociales: cristianos y judíos. Para los primeros, la simulación de una hipotética bondad no es más que una máscara que esconde la ambición de poder, el ansia de dinero o el control de las conciencias. Para los segundos, es una necesidad derivada del miedo y el instinto de supervivencia. De hecho, es una delación, es decir  el intento de desvelar lo que las apariencias esconden, la que desencadena la persecución y la tragedia. Tanto las denuncias iniciales como las confesiones y  deserciones de la propia fe responden a ese instinto de sobrevivir, aunque sea a costa de perderlo todo y en las más ínfimas y míseras condiciones de vida.

Los negocios sucios, la asociación con el Corso y con los judíos, la ambición política y económica, la gestión inmoral de las deudas, la lujuria en palacios y burdeles, la gula de los pastelitos de monja, los matrimonios concertados por el interés, la estupidez y ñoñería de la aristocracia femenina, la pedantería y presunción de los jesuitas, la religiosidad teatral de los Tedeum, el negocio  de los funcionarios religiosos y civiles, las vulgares pretensiones de la Corte,   el triunfo de la mediocridad, la incultura, el mal gusto y la cursilería generalizada de los gobiernos del espíritu y la materia…. Todo esto y más se refleja en esta novela mediante un excesivo uso de la hipérbole, que desemboca en paródica caricatura, cuando el referente es el mundo cristiano.
Por el contrario, el tono trágico se reserva para el ámbito judío, donde la opresión y el miedo generan una tensión dramática  que crece y se magnifica a medida que avanza el argumento. Aunque en ocasiones también  se percibe cierta profusión emocional y sentimental, próxima al tremendismo, como encontramos en la descripción final de las hogueras en que arden los condenados, o en el niño ahogado y muerto en brazos de la madre atormentada. Pero lo que predomina es un sentimiento de pérdida, tanto de bienes y libertad como de la propia vida, al que se suman las evocaciones de   épocas donde reinaron el respeto y la tolerancia. También abundan las comparaciones con otros  lugares europeos donde existe la libertad, así como el deseo de una vida en paz en  el anhelado exilio italiano bajo la protección de la legendaria Blanca María Pires, símbolo de un paraíso posible.

La reconstrucción de los espacios y ambientes del siglo XVII en los barrios judíos de la capital mallorquina, trasladan al lector a un mundo bien construido y documentado. La caracterización de los personajes de esta esfera es más  cuestionable, dada su tendencia al arquetipo y al cliché: los jóvenes ingenuos, los adolescentes sodomizados, la prostituta graciosa y bondadosa, el traidor envidioso, la loca alucinada, el supersticioso fanático… Quizá el único personaje que muestra cierta complejidad, tanto respecto a su comportamiento moral  como a su pensamiento teológico, es Gabriel Valls, el guía de la comunidad judía y artífice del fracasado plan de huida. Su defensa de la tolerancia, próxima a las teorías erasmistas, sus dudas de fe y crítica de la jerarquía,  contrastan con su debilidad de amar a dos mujeres y la lúcida aceptación de su destino.
En suma, estamos ante una novela bien escrita y entretenida, pero sobre todo necesaria. En una sociedad que desconoce su historia y su pasado, siempre hay que agradecer a aquellos que los escriben y difunden. También hemos valorado la  suerte de contar con lenguas tan hermosas como el mallorquín, y lamentado la pérdida de matices de las traducciones, que, por muy buenas que sean, no aportan los detalles léxicos y sonoros que  constituyen la esencia de una lengua. Afortunadamente hemos contado con las voces de dos asistentes a nuestro club de lectura, Carmen y Lourdes, que nos han hecho llegar las delicias de los versos contenidos en esta novela. Su lectura en voz alta de las oraciones, rezos y conjuros antiguos nos ha hecho viajar a través del tiempo y del espacio, nos ha transportado a un universo de magia y poesía.


Seguiremos ofreciendo la posibilidad de leer en versión original los libros que se presten a ello, con la libertad de que cada uno elija la versión que más le interese y convenga. Seguiremos comparando historias y lenguajes dentro de la diversidad literaria que es base de nuestra cultura. GB 

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viernes, 13 de mayo de 2016

UNA LECTURA DE ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS


Por Miguel Ángel Martín


Tradición oral
Alicia en el País de las Maravillas es un libro que accedió a la imprenta  porque antes había sido contado. Llega a nuestras manos siguiendo la misma evolución que las colecciones de cuentos populares infantiles, que terminan siendo agrupados en un único libro para facilitar y asegurar posteriormente su difusión.
Su historia comienza el 4 de julio de 1862 durante un viaje en barca por el río Támesis, cuando Charles Lutwidge Dodgson remaba acompañado de su amigo y compañero Robinson Duckworth y de las hermanas Lorina, Alicia  y  Edith  Liddell. Las tres niñas son las hijas de George Liddell,  nombrado Dean del Christ Churh College de Oxford, precisamente el mismo año en que Charles Lutwidge Dodgson había sido contratado como profesor asociado. Poco podía imaginar el hasta ahora profesor de Matemáticas, que ese paseo lo iba a transformar definitivamente en el escritor Lewis Carroll y que su joven amiga Alicia se iba a convertir en la protagonista de uno de los libros de aventuras más leídos.
Prima, Secunda y Tertia eran los nombres con los que Lewis Carroll llamaba cariñosamente a las tres hermanas y, esa tarde, como todas las veces que se reunían, se divertían con juegos de lógica y relatos de cuentos que él les preparaba. Sin embargo, durante esa tarde de verano, consiguió una extraordinaria narración que traspasaba la frontera de la realidad y se adentraba en un mundo onírico y surrealista que iba a convivir con los conocimientos, aficiones y comportamientos reales de Alicia.
El paseo y las aventuras que condujeron de la narración oral hasta la definitiva publicación escrita, son detallados en el poema “Surcando la tarde dorada”. Se trata de un poema introductorio que Lewis Carroll incluye en el texto desde  la primera edición. En estos versos el autor reconoce que es el interés de las niñas por el relato lo que potencia su imaginación,  y, cuando el cansancio aparece después de un largo tiempo de narración ininterrumpida, ese cansancio que esconde la imaginación, entonces el narrador trata de detener el cuento para descansar y continuarlo más adelante, son entonces las niñas las no quieren que el relato termine:                                               El resto será para la próxima vez...
                           ¡Ya es la próxima vez! -a coro las tres-
Finalizado el paseo, las tres hermanas le piden que escriba la increíble narración que han escuchado, siendo la insistencia y el interés de Alicia por conseguirlo, la razón que le anima a hacerlo. Los últimos versos de este poema reconocen que el libro es el  premio a esta insistencia. Ella y esa infancia femenina que tanto amó el escritor son las protagonistas del cuento.


Primera edición
El primer libro de las aventuras de Alicia, es el regalo de Navidad que Lewis Carroll hizo a su joven amiga. Carroll escribe y organiza los recuerdos de aquella tarde. Los escribe a mano. Para que el libro sea menos aburrido, también ha dibujado ilustraciones  que adornan el texto. Este manuscrito es un premio al interés y la participación de Alicia durante aquella tarde en la que se idearon los acontecimientos del viaje. Le ha puesto también un título: Las aventuras de Alicia bajo Tierra, que evidentemente no será el definitivo
El autor descubre las posibilidades del texto que ha escrito y considera que tiene cualidades para ser leído y escuchado por más niños y decide que debe preparar su publicación. Carroll todavía no es consciente del papel que su novela iba a tener en la historia de la Literatura. No imaginaba  que los adultos disfrutarían de su lectura tanto como los niños para los que la había escrito. Piensa que sólo se trata de un cuento infantil y así lo comenta en una carta, cuando pide consejo a sus amigos para encontrar el título definitivo de lo que califica como un “cuento de hadas” que está a punto de publicar. 
Al comienzo del cuento Alicia se aburre y observa  el libro que lee su hermana;  no tiene dibujos ni diálogos “¿Y de qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos?”. No puede ser un libro divertido. Carroll consideraba que un cuento infantil sin dibujos era aburrido y consiguió que John Tenniel hiciera las ilustraciones. El acierto de estos dibujos es fruto de un largo y laborioso trabajo de comunicación entre autor e ilustrador. Aunque no siempre estuvieron de acuerdo, el resultado final fue magnifico, tanto que volvió a solicitar de nuevo las ilustraciones de Tenniel para las nuevas aventuras de Alicia, cuando una tarde cruza a través del espejo. Como consecuencia de esta colaboración, los dibujos de Tenniel supieron comprender tan bien los personajes de la obra que, desde entonces, ha sido imposible imaginarlos de otro modo.
Por fin, la primera edición con el título que todos conocemos “Alicia en el País de las maravillas” está en las librerías en noviembre de 1865. Estamos en 2016 y este año se celebra el 150 cumpleaños de esta primera edición (sólo hay que contar los años por cursos académicos)



El relato y sus personajes
El calor de esa tarde es sofocante, adormece a Alicia y este adormecimiento es la llave que le permite abrir la puerta de sus sueños y pensamiento oníricos, que van a convivir con sus conocimientos, aficiones, comportamientos y con su forma de ser real. Las características de la niña protagonista van a ser las de la niña Alicia, o más bien las del arquetipo de niña que Lewis Carroll ha construido a partir de su amiga Alicia: Cariñosa y amable, confiada (sin ningún problema beberá el líquido “Bébeme” y se comerá la tarta “Cómeme” con los que cambiará de tamaño), deferente con todos y dispuesta a aceptar disparates imposibles (antes de reducir su tamaño había llorado formando un mar con sus lágrimas, donde se encontró nadando a un ratón y pensando que no sería nada extraño que en ese lugar los ratones pudieran hablar, se dirigió a él de esta manera:  -¡Oh Ratón! ¿Podría usted indicarme la manera de salir de estas aguas? Estoy muy cansada de nadar y necesito su ayuda, ¡oh, Ratón!) Y siempre orgullosa de los conocimientos que ha adquirido (“¡A lo mejor atravieso la Tierra y caigo al otro lado! ¡Qué divertido si saliera por el país donde la gente anda boca abajo! ¡Las Antipatías me parece que se llama….!,  no siempre correctamente asimilados); todas estas Alicias, irán apareciendo a lo largo de la narración.
La curiosidad le hace seguir a un conejo blanco a su madriguera. Dentro de la madriguera todo es fantástico y lo de menos es coincidir con animales que hablan;   lo extraordinario es la lógica de su pensamiento y de su lenguaje. Algunos de estos personajes  son una metamorfosis de personas que proceden del entorno que conocen y comparten el autor y la niña. El mismo Carroll, por ejemplo,  aparece en el relato representado por un dodo; con la elección de esta ave desaparecida, hace una broma sobre sí mismo, ya que  tartamudea ligeramente al pronunciar su apellido: Do-Do-Dodgson. 
El cachorro de perro y Alicia son los únicos habitantes procedentes del mundo exterior y,  hasta que llega a la partida de croquet,  todos los personajes que aparecen son animales que hablan (el conejo blanco, el gato de Cheshire, la liebre marcera, …) y que ponen a prueba la lógica del lenguaje y de las palabras (palíndromos, silogismos, inversiones, palabras homófonas que tanto gustan a los niños) Todos los personajes son importantes para la narración. Sólo los erizos y flamencos tienen asignado un papel estático, como pelotas y mazos respectivamente con los que juegan al críquet.
Como acabamos de mencionar, en la partida de croquet van a aparecer nuevos personajes más allá de los animales. Con  las cartas de una baraja, Carroll  construye y organiza una nueva sociedad, donde el papel de sus habitantes está determinado por el  palo y la figura de la carta que los representa: los picos son los jardineros y los tréboles los soldados; los corazones son los infantes reales y los rombos son los cortesanos; las figuras son los miembros de la corte o invitados del rey y reina de corazones. Carroll transfiere con gran habilidad el comportamiento de las cartas de una baraja en una partida real, al de las cartas animadas del cuento: no se conocen si están boca abajo, se les puede dar la vuelta fácilmente, se curvan fácilmente para jugar al croquet…
Los poemas que se distribuyen por todos los capítulos del libro son también personajes fundamentales para el relato. Son parodias de versos y canciones satíricas muy conocidas en la época de la primera edición. Estas referencias culturales ya han desaparecido del imaginario colectivo y se ha perdido el efecto que proporcionaban a los primeros lectores; afortunadamente conservan el interés y frescura suficiente para ser apreciados por cualquier lector actual, que tampoco sentirá ninguna carencia por desconocer  las referencias  morales  y satíricas de los versos que parodiaban.



El empresario Lewis Carroll
Lewis Carroll estaba provisto de un innegable espíritu empresarial.  Fue uno de los primeros escritores en considerar fundamental la implicación y participación del autor en la comercialización de sus libros y así lo demostró, interviniendo activamente en todo el proceso.
Convencido que un libro con imágenes reforzaba el interés por su lectura, sobre todo cuando el lector es un niño, contactó y convenció al gran ilustrador John Tenniel para que diseñara las imágenes de personajes, situaciones y paisajes del cuento.   Carroll tampoco se mantuvo al margen durante este proceso de creación, que estuvo lleno de  discusiones y problemas entre ambos y que no terminaron hasta que la obra salió de la imprenta. Añadir  ilustraciones al libro de Alicia fue un gran acierto del autor y claramente contribuyó a su difusión desde el primer momento.
Cuando los libros  de “Alicia en el País de la Maravillas” ya estaban en las librerías, Carroll intuyó la importante proyección que sobre el mercado podían tener los personajes y temas de su obra. Objetos como cajas de sellos, moldes de galletas, juegos de mesa, muñecas…, que diseñados a partir de las ilustraciones de John Tenniel, han podido verse reunidos en la exposición que en 2011 organizó la galería Tate Liverpool sobre el mundo de Alicia. No puede negarse el importante papel que la comercialización de estos productos tuvo también sobre el éxito y expansión de la obra.
Una vez que la venta del cuento se había consolidado, escribió a Alicia Liddell para pedirle prestado el manuscrito del cuento que era su regalo de Navidad. Había intuido también, que las ediciones facsímiles de un original poseían asimismo un importante valor comercial y estaba preparando una reproducción de  Las aventuras de Alicia debajo de la Tierra, de esta manera. Alicia Liddell que ya no era una niña, conservaba el original,  y,  una edición facsímil del libro fue publicada.
Otra de las materias en  las que Carroll/Dodgson  reparte su actividad es la fotografía, una dedicación que abandonó bruscamente después de 24 años. Tenía un gran dominio de este nuevo arte y disponía de un estudio fotográfico completo. Realizó miles de fotografías, la mayoría de niñas y de personalidades famosas; aunque nunca pensó en la fotografía como una ocupación,  estos últimos retratos de personajes influyentes le fueron muy útiles para acceder a círculos sociales importantes. Muchas de estas imágenes se perdieron,  otras se destruyeron, lo que no ha impedido que sea considerado en la actualidad como una influyente figura de la fotografía contemporánea






Aspectos lógicos y matemáticos
Se ha insistido en la importancia que sobre el texto proyecta la figura dual Carroll/Dodgson, insistiendo en la importancia que ejerce Dodgson profesor de Matemáticas en un Colegio de Oxford. Sin embargo, hay que considerar que las aportaciones que realizó en este campo se centran principalmente en aspectos didácticos;  más importantes fueron las que hizo en Lógica Formal, que siempre acompañó de un carácter lúdico y recreativo.  Las aventuras de Alicia están llenas de cuestiones matemáticas, conceptos lógicos básicos y silogismos recreativos. Todos estos recursos relacionados con las Matemáticas y la Lógica están pensados para entretener e interesar a los niños, que son los lectores para los que desde el principio está escrita la obra. Las discusiones y conclusiones que se han originado después de publicado el cuento, no deben hacer más difícil lo que puede ser leído y comprendido desde la infancia. Son tantas las propuestas que aparecen en el texto, que elegir algunas para ser comentadas y discutidas exige un gran esfuerzo de selección. Las siguientes cuestiones son interesantes no sólo por su contenido, si no por las aportaciones que llegaron más tarde:
1.   Alicia  “canta” una columna de una extraña tabla de multiplicar.
…..voy a ver , si al menos sé las cosas que antes sabía. Veamos: cuatro por cinco, doce; cuatro por seis, trece; cuatro por siete ……!Dios mío! ¡A este paso nunca llegaré a veinte……..
Pensemos en la niña que protagoniza el cuento; se encuentra en un periodo escolar en el que aparecen las tablas de multiplicar y la obligación de memorizarlas. La regla que recuerda Alicia es divertida porque no es cierta y además es fácil de memorizar. Si el lector sigue la secuencia de la tabla, descubrirá que doce por doce son diecinueve y es cierto que no se llega a veinte. En pleno periodo de aprendizaje el mundo de la multiplicación no existe fuera de las tablas.
Ha sido más tarde cuando se ha buscado significado a los resultados de esta nueva regla de multiplicación. En “Alicia Anotada” (Las aventuras de Alicia y su continuación, comentada y con anotaciones de  Martin Gardner) encontramos una solución más interesante y compleja propuesta por A.L.Taylor y, cuya explicación, tampoco necesita de sofisticadas herramientas matemáticas. Es cierto que 4 por 5 son 12, pero en el sistema de numeración de base 18; 4 por 6 son 13, en base 21; mediante esta progresión, aumentando la base de 3 en 3, el resultado de la tabla será correcto y no llegará a 20, ya que 4 por 12 son 19 en  base 39. La sorpresa es descubrir que nunca esta regla de multiplicación, si se mantiene la progresión de las bases numéricas con las que se trabaja, permitirá llegar a 20, ya que 4 por 13 será 1, seguido del símbolo que se asigne a 10 en el sistema de numeración 42, evidentemente menor que 20.


2.   El cuervo y el escritorio.

Resultado de imagen de adivinanza del cuervo y el escritorio


El Sombrerero abrió unos ojos de manera desmesurada al oír las palabras de        Alicia. Pero lo único que se le ocurrió decir fue:
-¿En qué se parece un cuervo a una mesa de escritorio?
«¡Esto se pone divertido!»-- pensó Alicia-- «Me alegro que les gusten las adivinanzas.» Y añadió en voz alta:
-Creo que sé la solución.
-¿Quieres decir que crees que puedes encontrar la solución? -preguntó la Liebre de Marcera
-Exactamente -contestó Alicia
Lewis Carroll reconoce que la adivinanza tal y como aparece en el texto original carece de solución. Desde su publicación se encontraron multitud de soluciones, algunas verdaderamente ingeniosas. Después de recibir numerosas consultas sobre la verdadera solución,  el escritor considera que la siguiente es la más apropiada, aunque reconoce que se obtiene después de publicada la obra:
Because it can produce a few notes, though they are very flat and it is nevar put the wrong end front
Su traducción puede ser la siguiente:
Debido a que puede producir algunas notas, aunque son muy planas y nunca pone delante  la parte equivocada.
Considerar esta solución como la más adecuada, exige fijarse que en la solución propuesta la palabra que está escrita no es “never” (“nunca” en inglés), si no “nevar”, Esta palabra carece de significado, parece un error que se ha corregido al sustituirla por nunca; sin embargo,  escrita al revés se convierte en “raven” (cuervo). Este juego de palabras es intraducible, pero aproxima el texto de la solución al enunciado del problema. Puede utilizar como texto definitivo:
“Ambos producen algunas notas planas, y nunca están con el lado equivocado hacia delante”.
La adivinanza no tiene una solución única porque evidentemente hay innumerables respuestas correctas.  Las dos siguiente son interesantes:
Porque hay una “b” en ambos, y una “n” en ninguno.(A. Huxley)
Porque Poe escribió sobre ambos

3.- El gato de Cheshire
De la habilidad que hacen gala los personajes en el uso del lenguaje, han surgido interesantes problemas. Al finalizar la conversación con Alicia,   desaparece el gato de Cheshire después de permanecer largo tiempo sólo su sonrisa. Entonces Alicia exclama: Was it a cat i saw?.  Se trata de un divertido palíndromo en lengua inglesa, que no mantiene su condición al ser traducido. Explorando todas las maneras posibles de leer la frase, se propuso el siguiente problema sobre un cuadrado de letras:

¿De cuántas maneras diferentes se puede leer la pregunta de Alicia, "Was it a cat I saw"? (¿Era un gato lo que vi?) Empiece por cualquiera de las W, muévase a las letras adyacentes.

La respuesta no es fácil,  pero estas ayudas nos pueden conducir a encontrarla:
¿Cuál es la respuesta correcta 576 o 63504 formas distintas?
Se recomienda estudiar de cuántas formas distintas se puede leer la frase completa y de cuántas maneras se puede llegar a la letra C que está en el centro del cuadrado.
 En la misma conversación de Alicia con el gato de Cheshire es interesante iniciar una discusión sobre la validez del siguiente  razonamiento: Le pregunta Alicia al gato:          -¿Cómo podría usted probarme que está loco?
-Empezaremos por admitir -le dijo el gato- que los perros no están locos…¿Me lo admites?
-Admitido- dijo Alicia
Ahora bien –prosiguió el gato- los perros gruñen cuando se enfadan y mueven la cola cuando están contentos, ¿no es así? Pues yo gruño cuando estoy contento y muevo la cola cuando me enfado ¡Prueba evidente de que estoy loco!


Final
La influencia de Alicia en el País de la maravillas sobre escritores, artistas o científicos ha sido extraordinaria y una reseña de toda esta repercusión sería muy difícil de resumir.  El éxito general y atemporal de la  obra debe buscarse en el carácter subversivo de la narración. En un periodo que todos los cuentos infantiles debían ir acompañados de una edificante moraleja, la obra de Lewis Carroll no tiene voluntad de cumplir este  requisito. Esta decisión ya  es un primer acto de rebeldía frente a las estrictas  normas de la época. No debe pensarse que se trata de un ejercicio gratuito, los poemas que escribe Carroll para el cuento son parodias de canciones infantiles que moralizaban con estos valores. 
La ironía domina el relato surrealista del texto y en ningún momento justifica o respalda la verdad oficial del momento. Los valores  de moralidad, disciplina, los rígidos prejuicios y severas prohibiciones tan característicos de la época victoriana son a menudo maltratados y satirizados en sus  páginas. Un texto que parece no respetar la lógica de las leyes del lenguaje y de la palabra, siempre debe ser considerado revolucionario.
También es permanente la ironía sobre aspectos fundamentales de la estructura social en la que nace. Se burla de los rituales educativos en el examen de francés que realiza Alicia con las reinas; utiliza una lección del libro de texto de historia de las niñas para dejar “secos” a todos los que se habían mojado en el mar de lágrimas;  las materias como Batín y Friego (retruécanos con los que agradar a los niños) se llaman dis-ciplinas, porque dis-minuyen en el nuevo horario de día en día.
¿Cómo no rebelarse contra la injusticia después de vivir la surrealista escena del mensajero del Rey condenado por un crimen que quizás no cometerá nunca? ¿Cómo no ver reflejadas las instituciones de la Justicia en el proceso que acusa a la sota de corazones de ser la autora del robo de tres tartas a la Reina? El juez, los jurados,  un juicio en el que se pide primero el veredicto y después el proceso, son una muestra del mundo surrealista en el que tantas veces se mueve la Justicia. 
El nepotismo y despotismo  de la Reina y del Rey de corazones son una imagen crítica de las posibles coordenadas a las que puede llegar el ejercicio del poder: un Rey que actúa como juez de un juicio cuyas normas va dictando según se desarrolla el proceso; una reina que resuelve cualquier incomodidad con la orden: “que le corten la cabeza”. La reina de corazones es una crítica al poder de la monarquía, que gobierna con el miedo y la fuerza de los grandes, con la hipocresía  de los cortesanos que adornan sus cuerpos con partes falsas por la única razón de agradar a la reina
¿Qué pensar del egoísmo de nuestros semejantes cuando el sombrerero loco se niega a ceder a Alicia un sitio en una mesa casi vacía, pero preparada para muchos asistentes?
Nos descubrimos en un mundo disparatado en el que “no se puede evitar andar entre locos” y donde es posible que sea cierto aquello que dice el gato de Cheshire: “somos todos locos aquí”

Las aventuras de Alicia es uno de esos extraños libros en cuya lectura coinciden niños y  adultos. Los niños descubren en el texto las posibilidades del lenguaje y los temores de la infancia (miedo a crecer), los adolescentes descubren las dificultades de identificar su propia personalidad y confirman sus ideas sobre la estupidez e hipocresía del mundo de los mayores. En el relato se plantean  numerosos problemas de interés humano, social, lingüístico y lógico que desarrollados en un entramado de símbolos y métodos han deslumbrado a numerosos adultos. 
Alicia nace como un cuento infantil, sigue siendo un cuento infantil y es también un cuento para adultos. Mejor no hacer caso a Martin Gardner cuando recomienda hacerlo desaparecer de las bibliotecas infantiles y llevarlo definitivamente a las de los adultos.
¿Hubiera sido hoy posible el éxito de este cuento? Incluso ¿su publicación?. Gran parte de su contenido sería considerado políticamente incorrecto y fácilmente hubieran aparecido mentes bien pensantes que hubieran impedido su salida de la imprenta. ¿Se imaginan al autor de un cuento infantil con un maletín lleno de juegos y con la mente llena de relatos que utiliza para entablar amistad con las niñas que juegan en un parque? Sólo amistad con niñas;  la opinión sobre los niños queda clara cuando, después de cantar unos versos mágicos,  la marquesa lanza su bebé hacia Alicia, que lo recoge en sus brazos, en donde se produce el proceso de metamorfosis que lo transforma  en un “cerdito”. ¿Tan difícil sería imaginar una campaña de denuncia en los medios contra un pervertido que incita a los niños al consumo de alucinógenos? ¿Y qué decir de la rapidez con la que la reina aplica la pena de muerte?
Estaban en plena época victoriana y fue tan grande el éxito y difusión, que Lewis Carroll terminó escribiendo una continuación de las aventuras de Alicia y en 1871 ya estaba en las librerías: “Alicia a través del espejo y de lo que encontró al otro lado”. Si hemos despertado con Alicia en el jardín, es el momento ideal para acompañarla de nuevo por el mundo que encontrará detrás del espejo, mucho más complejo e intelectual: el juego de cartas es sustituido por el juego de ajedrez y sus reglas.  Son unas aventuras aún  más ingeniosas que las que cuenta el primer libro, pero donde el narrador Charles Dodgson, profesor de Matemáticas y Lógica, va desplazando a Lewis Carroll narrador de cuentos infantiles. Este dominio del componente abstracto explica que el éxito de este libro haya sido mayor entre los lectores adultos.
Leeré de nuevo el libro de Alicia en el País de las Maravillas  y me gustaría hacerlo como lo escuchan los niños de la aldea mexicana de Tomatlán,  cuando Fausta decide contarles un cuento. Lo narra Elena Poniatowska en su libro La piel del cielo: “Entonces, a Fausta le dio por contarles un cuento y surgió Alicia en el País de las Maravillas. A los niños no les parecía asombroso que los animales hablaran, puesto que a diario interpelaban al burro, a la vaca, a los perros, hasta a los madroños que dan flor y a la pastura. Tampoco les resultó incomprensible hacerse grande o chico a voluntad con sólo ingerir un minúsculo pastel con pasas.”