Corea del Sur, un país en busca de la excelencia: ¿Cómo se
convive con la perfección obsesiva?
M Luisa Castillo
En Corea del Sur el suicidio es un tema del que no se habla
habitualmente, pero que está muy presente. Corea del Sur ha alcanzado un alto
grado de desarrollo y riqueza gracias a una alta inversión en capital humano,
pero ha pagado una fuerte factura en salud mental de sus ciudadanos. Todos los
aspectos de la vida de la sociedad coreana están marcados por la presión por
conseguir la excelencia, lo que tiene un enorme impacto en el bienestar. Corea
del Sur es el país desarrollado en el que más suicidios se producen: 25 por
cada 100.000 hab. (9 por cada 100.000 hab. en el mundo). Los jóvenes coreanos
son de los menos felices del mundo, aunque lo parezcan en las redes sociales.
El suicidio es la segunda causa de muerte entre los coreanos de 15 a 29 años
(después de los accidentes de tráfico); alcanza cifras alarmantes, pero sigue
siendo un tema tabú. Tal vez tenga relación con la fuerte presión educativa, el
temor al fracaso con la consiguiente vergüenza para la familia y la exigencia
de tener que ser los mejores en todo. Ser segundo no es una opción.
En Corea
existe una gran obsesión por la estética y las mujeres son las
más presionadas por cumplir con un estricto canon estereotipado de belleza:
cara pequeña, nariz fina, ojos agrandados con doble párpado, labios gruesos con
forma de corazón, piel blanca y perfecta… Seúl es la capital mundial de la
cosmética, las niñas empiezan a cuidar su piel a los 8 años. El riesgo de bulling
aumenta si no se ajustan al canon y es causa de suicidio. En Corea del Sur se
da la mayor tasa de cirugía estética del mundo: la primera es la de doble
párpado y la segunda, la de nariz. Para los jóvenes, el ideal de belleza lo
encarnan los ídolos “fabricados” del k-pop, que han de demostrar su fortaleza
emocional superando una vida controlada y cumpliendo requisitos muy estrictos.
Los coreanos viven para el trabajo, disfrutan de un máximo de 15 días de vacaciones al año, trabajan 52 horas semanales (desde 2018, antes eran 68) y hay una gran competitividad entre compañeros y entre compañías. En el trabajo la jerarquía es estricta, la obediencia al jefe es incuestionable y no se acaba la jornada laboral hasta que el jefe se va. Las mujeres no suelen ocupar cargos en la empresa y su salario es considerablemente inferior al de sus compañeros hombres, ya que son consideradas de inferior rango y menor capacidad. El confucianismo da un papel predominante al hombre y considera que los hijos son responsabilidad de las mujeres. Al acabar la jornada el jefe lleva a los empleados a tomar una copa y nadie puede desobedecer. Quien no bebe, puede estancarse y no ascender (suelen beber soju -entre 16º y 45º-, el país tiene una de las tasas de consumo de alcohol más altas del mundo). Nadie puede mostrar debilidad ante la presión, aunque en los últimos tiempos las empresas han empezado a ofrecer ayuda de psicólogos.
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